Por Mario Morosini
No todos vemos de la misma manera las cosas. Si fuese así la vida sería muy aburrida. Lo cierto es que el próximo 23 de noviembre, en la Intendencia de Montevideo, el actual intendente, Ing. Daniel Martínez, instalará los 18 nuevos Concejos Vecinales.
Participarán del acto protocolar, entre titulares y suplentes, más de un millar de nuevos Concejales Vecinales aproximadamente. Está bien. Pero reconozcamos que esa convocatoria masiva, en parte hace perder identidad y no termina jerarquizando la verdadera dimensión que debería tener un Concejo Vecinal, especialmente en el área, la zona, donde debe moverse habitualmente.
Nos hubiese parecido más apropiado, que en cada Municipio, son 8 en su totalidad, impusiera en sus responsabilidades a los Concejales Vecinales que integran cada uno de los municipios.
Por ejemplo en el Municipio E, son tres los Concejos Vecinales. Perfectamente se debió jerarquizar ese espacio.
Pero así son las cosas, y tampoco digamos que es un tema trascendente o de gran importancia el mecanismo utilizado para instalar los Concejos Vecinales y que se pongan a andar.
Y eso sí es importante. Ponerse a andar.
Ahí está lo complejo. ¿Se seguirán empleando las mismas políticas como hasta ahora? Sería un grave error.
En principio ya se empezaron a fijar fechas para cursos para los nuevos Concejales Vecinales. ¿Son necesarios? ¿Quién los da?
Hasta ahora los cursillos que se dictan con el inicio de un nuevo Concejo Vecinal no han dado resultado.
Más, fuimos antes de las elecciones a presenciar algunas pautas que se dieron, para aquellos que nos presentamos a Concejales y que luego podríamos en forma mayoritaria ser electos. Se nos dirá que fue en otro contexto y que no son los mismos cursos, de acuerdo.
Confesamos que en lo personal de poco sirvieron, y para nosotros lo más preocupante es que no hubo una sola línea de análisis autocrítico. Por otro lado se nos dio una documentación que luego en los hechos no se cumplió como por ejemplo el decreto de la Junta Departamental Nº 33428 que dice “en la primera sesión que se realizará en la semana siguiente a las elecciones de los Concejos Vecinales….”, podríamos seguir, pero con esto es suficiente, ya que la vida, la realidad, y la forma de movernos, resultó que recién entraremos en funciones cuatro semanas después (lunes 28 de noviembre), de las elecciones del 30 de octubre, situación totalmente alejada a lo que dice el decreto.
Pero también esos detalles tienen poca importancia. El gran tema pasa por si cambiamos la cabecita. Si estamos preparados para cambiar la cabecita. Y para cambiar la cabecita no se necesita ningún curso, solamente sentido común independientemente que reconozcamos que no están demás (y no es una contradicción)
La experiencia nos dice que está muy bien el proceso que se hizo hasta el momento, pero también nos dice que HAY QUE CAMBIAR, y que se debe encontrar la fórmula (no necesariamente mágica) sino cargada de sentido común donde el nombre de la designación: Concejal Vecinal, lo está diciendo todo.
La relación con el vecino debe ser total. No esperar a que el vecino venga a vos, porque eso quedó demostrado que no ocurre así. Es el Concejal que tiene que caminar codo con codo con el vecino, de lo contrario no tiene futuro un Concejo Vecinal y arribaremos a las próximas elecciones de este organismo, o sea dentro de 3 años, apoyándonos menos del 5% de los montevideanos. Ahí está el tema, lo demás forma parte de la foto.
