La violencia ¿está en nosotros?

A fines de la década del 60 el cineasta británico John Boorman presentó una gran película, para nosotros impactante, llamada “La violencia está en nosotros”, e interpretada por Jon Voight, Burt Reynolds, entre otros.

Un grupo de amigos de la ciudad viaja a un bosque del interior para remontar un río y pasar un buen fin de semana. Pero sus expectativas quedarán truncadas a partir del encuentro con lugareños, y bueno…no contaré la película.

Sí me sucede, que cuando aparecen episodios como el del hombre que con su esposa llevaron a una amiga a su casa, en Carrasco Norte, y cuando la señora descendió apareció otro hombre, intentó robarle la cartera a la señora, el señor que la llevó al domicilio viendo esa acción se bajó del auto en su defensa, y fue brutalmente asesinado, con un disparo en la cabeza. Hacía unos días le había ocurrido lo mismo a un almacenero. Y dos semanas atrás a un abuelo, en presencia de sus nietos, alguien le quiso robar la moto, y como no pudo lo mató. También hace unos días, pero en Buenos Aires, una niña de 3 años, que iba caminando de la mano de su madre, recibió un balazo en el corazón, cuando dos malechores en moto, huían luego de perpetuar un asalto en un comercio y tiraron un tiro, por amedrentar, matando a la niña.

Sin ir más lejos, en la plaza de Santa Lucía, ciudad tranquila, en la noche del aniversario de Peñarol, otros muchachones, aparecieron de la nada, y sin más tiraron algunos tiros, e hirieron de cierta gravedad a tres jóvenes que solamente estaban de festejos.

Podríamos ir más lejos y enterarnos, que casi todos los meses en EEUU, entra a un lugar de estudio, escuela, liceo o facultad, tanto da, y un loco mata a tres o cuatro o los que se le crucen, o bien nos enteramos que unas bombas caen en Siria sobre un hospital con niños y ancianos enfermos. ¿Está en nosotros la violencia? No tenemos respuesta. No somos sociólogos, sicólogos, nada de eso somos. Simples ciudadanos. Utilizamos el sentido común o el que creemos tener, aunque muchas veces dudamos de nosotros mismos.

En nuestro Uruguay. Nos preguntamos con gran preocupación ¿dónde está el error? ¿qué estamos haciendo mal, para que existan muchachones, menores o adultos, que por unas moneditas, terminen con la vida de un padre de familia, un abuelo, un esposo, y hasta la vida de niños?

¿Existe la posibilidad de seguir adelante, reconstruir la vida de una familia que fue despojada de un ser querido en forma impune? No lo sabemos.

Hay veces que nos sale de lo más profundo el “enano fascista” y por ahí sin pensarlo mucho, afirmamos “hay que agarrarlos y matarlos, silla eléctrica con ellos”.

Sabemos que no es la solución. Apenas lo pensamos, mandamos a dormir al “enano fascista” para que no perdamos la cabeza.

Algunos afirman, que si mañana te detienen, como ocurre tarde o temprano con esos individuos que la vida no les importa, ni la de ellos, conscientes o no, tampoco les importa. Se dice que al ser detenidos y metidos en ese submundo que no conocemos, el Comcar o Penal de Libertad, ingresar o reingresar, con un asesinato en su mochila, en ese ambiente, les trae prestigio. ¿Será así?

También se dice que no pasan mucho tiempo encerrados. Con relativa buena conducta, algo de trabajo, jugando al fútbol en los recreos, llevando no se sabe qué tipo de vida en una celda hacinados con otros, es parte del “atractivo” al que pueden llegar. En general fueron formados en la violencia, viviendo en un cuarto donde también estaban hacinados, y que recibían cuando eran pequeños, solamente desprecio, castigo y en muchos casos violaciones. Mucho de eso escribimos es así.

Está bien pensar que la mejora en la Educación traerá soluciones. Fantástico que desarrollando políticas de inclusión se piense que en 30 o 40 años, de la misma manera que se deterioró todo, se haga la luz y la real paz social.

Todo eso es muy lindo. ¿Y mientras?. Esperemos que la bala próxima no sea para algún ser querido o un amigo. ¡Menos mal, pasó el episodio lejos de casa! “Al hombre que mataron no lo conocía”. “Pobre gente, lo que deben de sufrir”

Y con eso nos quedamos. Lo peor es que nos vamos acostumbrando. Hasta que un día la bala sea para uno mismo o para uno bien cercano a nosotros.

¿QUE HACER?

Ya lo dijimos, no tenemos la solución. No somos entendidos en el tema. Lo que sí pensamos es que no podemos seguir esperando que la fractura social se suelde y que las políticas de inclusión, hagan su efecto. Pero para nosotros, acá hay que proceder, salvando las distancias claro está, como se procedió con el fumar dentro de locales cerrados o alcohol graduación cero al manejar. La palabra represión no nos gusta, pero no hay otra vía. Hoy. Mañana no sabemos.

Y no es la represión como castigo físico el que mencionamos, es nuevas leyes que tienen que levantar la mano y aprobar los legisladores y establecer un lugar de reclusión especial, con cadena perpetua, para quien actúa de esa manera y termina con la vida de una persona sin ninguna causa que se pueda explicar. Es cierto, no hay ninguna causa que justifique el matar a una persona. Eso está claro. Sucede que nos referimos a episodios de ese tipo, donde se entra a robar o se hace una rapiña y se mata a un persona como si fuese un caso natural. El texto de la ley no lo sé, seguramente en este país, hay muchísimos que de leyes saben y pueden poner sobre el papel el sentir de la mayoría de los uruguayos.

Porque si a un asesino de esta naturaleza le sirve ingresar en la cárcel llevando en su mochila un asesinato y eso que para ellos es un trámite y les da prestigio entre sus pares, es una verdadera tragedia y también deberían saber rápidamente, por más abogados que conozcan, la cadena perpetua se la comen en dos panes y a otra cosa. Seguro que antes de apretar el gatillo, lo pensarán rápidamente muy bien, porque serán carenciados desde varios puntos de vista, pero de bobos, no tienen nada.

Es tremendamente duro lo que afirmamos. Lo sabemos. Desde un escritorio, técnicos reunidos en torno a una mesa degustando un café, seguro que afirmarán que “estoy loco”, pero no le deseo a nadie perder a un familiar, un ser querido en un segundo, porque alguien que mamó violencia, la está repartiendo a mansalva. Lo podemos entender al asesino, pero de ahí a darle penas leves, no creo que sea el camino. Y si matás a una persona, y te tocan 20 o 25 años y con buena conducta terminás saliendo 15 años después, en función del delito y la destrucción que generó el delincuente, 15 años, no es nada. La familia de la víctima, seguro que está con el dolor perpetuo de por vida.

 

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