Vino para quedarse

Vino para quedarse

Por Lic. Jorge Scuro

No me refiero a la pandemia que, como vino se irá. Sino al Coronavirus 19.

Según el Dr. Rafael Radi  esta pandemia cederá, puede ser que haya rebrotes, pero en definitiva se mantendrá como otra enfermedad viral más. Seguramente en un tiempo no lejano se logrará una vacuna que controle la diseminación de este mal; como otras enfermedades: la poliomielitis, la tuberculosis, el sarampión, la viruela y muchas otras que asolaron a la Humanidad.  Recuerdo siendo niño la pandemia de la poliomielitis, ¡qué susto! Parecía que aquello sería eterno, hasta que apareció la vacuna. No se extinguió, pero está controlada. Lo mismo las distintas clases de gripes. Seguramente también para esta enfermedad generaremos anticuerpos.

La Humanidad recuerda varias pandemias que cegaron la vida a más de un tercio de la población y hubo lugares concretos de peores registros. El avance de las investigaciones científicas y las experiencias acumuladas pusieron un cerco a estos males.

Estas grandes catástrofes dejan sus enseñanzas. Producen profundos males y pérdidas irreparables de vidas, pero también recogemos enseñanzas para sobrevivir y estar más alertas para el futuro.

Hoy en día Uruguay es reconocido por sus éxitos en el frente de esta batalla contra este virus, pero no hay nada definitivo. Estamos en el primer tiempo de este partido, falta el segundo donde no sabemos cómo se presentará. Luego el alargue para la primavera y los penales en el verano. Retomo la comparación futbolera del Dr. Radi.

Frente a este panorama desafiante surge la solidaridad y la garra oriental. Nos alegra y nos impulsa a nuevas realizaciones: las ollas populares, el Fondo Coronavirus, la entrega decidida del personal de la salud y la buena disposición de la inmensa mayoría que usa sus tapas bocas y mantiene la distancia sugerida, no impuesta, por las autoridades.

Junto a este panorama alentador que habla de la bondad humana se desarrolla un turbio y penoso espectáculo de una veintena de personajes acomodados (y muy “cultos”, bien vistos en su vida aparente) que explotan la miseria de un grupo de menores. Repugnante y deleznable condición perversa de la escoria humana.  ¿Esto es de ahora, o de larga data?

Nos desafía también, frente a la generosidad de muchos, los pequeños horizontes de otros.  Es conocido el caso de un empresario a quien se le pidió, por el gremio de su empresa, que despidiera a los funcionarios inmigrantes contratados, pues quitaban trabajo a los uruguayos.  Aquí el nacionalismo, tan repudiado por los ideólogos del internacionalismo proletario, ceden al oportunismo al traicionar a trabajadores inmigrantes (seguramente lo fueron los padres o abuelos combatientes de los reclamantes) en nombre del nacionalismo y no de la lucha de clases.  La fuerza de la presión del grupo organizado se abalanza sobre la desesperación del inmigrante que recala en nuestra tierra en busca de ayuda y protección.

Me parece falso, incorrecto e injusto generalizar, “los gremios” pues no piensan todos lo mismo y dentro de ellos hay diversidad de opiniones. Lamentablemente este fue el caso concreto.

Impactante y desafiante panorama. Pero reconocemos otros aspectos que nos reencuentran con nuestros mejores momentos: un sólido grupo de científicos uruguayos, reconocidos en el mundo exterior por su dedicación a la ciencia y su hombría de bien. Nuestros escasos recursos dedicados a la investigación científica y el desarrollo de la ciencia dura dan su fruto. Nuestro sistema educativo, tan vapuleado, sigue formando científicos, investigadores y personas de amplio espectro humano e intelectual, nos da una buena e inspirada respuesta.  Nuestra gente mejor formada en su mayoría, o en amplia cantidad, optan por emigrar. Fuera del país hacen redituar su formación mejor que en el “paisito”.   Otros permanecen y otros regresan, no necesariamente son reconocidos como merecen. Ahí está la fuerza de la convicción patriótica que mucho valoramos.

Nos gratifica, también, tener tradiciones muy sólidas en asistencia a la salud. A partir de 1852 se fundaron varias “asociaciones de asistencia mutua” que integraban el sistema de salud. Esto fue posible por un pensamiento renovador que superó los esquemas del liberalismo político de la época. Hoy tenemos un fuerte sistema de centralización de la salud nacional, que juega un importante papel en el cercado y contención de la pandemia. Estos son logros históricos realizados por distintos partidos políticos que hoy siguen vigentes. El procedimiento democrático y republicano, con participación de todos, les da una fuerza de acción que hoy nos beneficia a todos.

Por encima de este panorama cambiante, diverso y desafiante se nos plantea otra realidad que me parece la más rica y desafiante. A la que quería llegar: la necesidad del cambio en nuestros esquema viejos y perimidos del modo de pensar. Los esquemas ideológicos, gestados en la especulación sin referencia fuerte ante la realidad, caen como fruta podrida.

Todo lo que vemos llega, a nuestra inteligencia, filtrado por nuestros esquemas mentales. A veces éstos son tan rígidos que no nos permiten ver otros aspectos de la realidad.  Las ideologías rígidas, los modos de pensar sin crítica, nos dan seguridad y confort interior pues parece que todo se ajusta a nuestro entender sin proponernos ser ágiles para entender cosas nuevas que desafían la comodidad de nuestras convicciones. Lo “nuevo” se hace difícil de aceptar pues nos desinstala de nuestra seguridad de pensar. Preferimos, por comodidad, seguridad, y confort con nuestros amigos seguir integrando lo “nuevo” a través de los filtros ideológicos a los que nos adherimos con fe ciega. Aceptar esto es hacernos una “autocrítica” que aparece tan elegante pero muy difícil de hacer y aceptar.

“Renovarse es vivir”, el ya centenario José Enrique Rodó nos vuelve a conmover con la fuerza de la necesaria renovación, siempre, pero especialmente para las épocas de crisis y cobijamiento en lo políticamente correcto que solo encuentran repetición de esquemas caducos y no visión renovada de una nueva realidad.

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