El machismo mata

Por Mario Morosini

Sin duda que el “machismo mata” como se leía en uno de los tantos carteles que se observaron en la tardecita del miércoles, en la marcha contra la violencia doméstica que se realizó bajo lluvia persistente y que igualmente fue un éxito.

Seguramente en el vértice de la pirámide que podemos graficar para denunciar el machismo en nuestra sociedad y en las sociedades del mundo entero, el matar o golpear a una mujer o a un niño, es una de las expresiones más viles y despreciables.

No debemos olvidar que la pirámide tiene una base o mejor dicho, en dicha pirámide hay diferentes situaciones que hay que atender y luchar para destruir y que forman parte de esa base que mencionamos la que luego deriva en ese vértice infame.

Aclaro que no soy partidario del feminismo exacerbado. Eso es otra cosa. No en igual medida, pero me rechina como el machismo. Creo que, como todas las cosas que ocurren en la sociedad, hay un componente relacionado con la educación que es vital.

Hoy a favor tenemos más información, más lugares donde denunciar la violencia doméstica y un rechazo público de la sociedad, aunque todavía falta ecuanimidad, porque con Juan de los Palotes se es duro, como corresponde, pero frente a un hombre público se hace la vista gorda, como ha ocurrido en nuestro país

Hay un cambio, y no tengo por qué ocultar, de lo contrario sería hipócrita, que mi generación, o cuando me fui formando como niño, adolescente y luego hombre, se era mucho más machista que en la actualidad.

En mi caso personal, además de hijo único, con todo lo que eso implica y donde predominaba en el núcleo familiar la mujer —caso primas, tías, etc.-, se hacía difícil no caer en la deformación.

O sea tenía todo el “combo” servido para ser el rey de los machistas. No obstante, fui de a poco —muy lentamente- corrigiéndome. Ojo, a no interpretar mal, nunca ascendí en la pirámide, solamente me ubiqué en la base de la misma, donde están los pequeños detalles que forman esa base: lavar los platos, realizar las tareas del hogar, etc.

Y nacer en un hogar así, por más que te den valores que creo tener, igual te deforma en el rubro machismo. Pero los fui superando.

Al tener dos hijas mujeres, vivo la actitud de mis yernos, hacen cosas que yo no hacía. Las tareas de la casa, todas. Cambiar al niño, también. Algunas dirán ¡qué horrible lo que escribimos! Piensan que esas acciones son algo natural. Y no lo son, en muchísimos hogares el rol de la mujer sigue siendo similar a la generalidad de los hogares de mitad del siglo pasado,  el hombre es  quien trabaja y ella debe tener todo pronto cuando él llega del trabajo, hasta las pantuflas listas y paralelamente él puede tirar los zapatos en cualquier lado, porque “alguien” los va a recoger.

Aquella frase de que para el hombre tener hijas mujeres era mejor, ya en mi caso no ocurrió. O nací tarde o mis hijas felizmente tuvieron otra cabeza u otra educación.

Sé que se puede pensar que estoy exagerando. Pero no es así, ocurre. Y en mucha mayor medida de lo que se piensa. Si eso no fuese así, esa pirámide no existiría. No vamos a caer en decir que por no lavar los platos se derive en la agresión física. Existen otras causas que juegan, pero sí pienso que con la educación y los cambios que se están dando en este rubro, donde la mujer tiene los mismos derechos que el hombre y a su vez este las mismas obligaciones que la mujer en un hogar, en la medida en que esos pequeños detalles la sociedad los vaya desarrollando positivamente cada vez más, el objetivo de desterrar el machismo tendrá éxito.

De cualquier forma, la marcha de ayer miércoles 19 de octubre, a pesar del clima, fue un verdadero éxito. Hay que seguir avanzando, falta mucho camino por recorrer.

Y no escribo más porque mi compañera me está llamando para que lave los platos y me parece que tiene cara de enojada. Chau.

 

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