Por Mario Morosini
El domingo 30 de octubre hay elecciones en Montevideo. No se necesita la Credencial Cívica. Se vota solamente con Cédula de Identidad. Se elige a los 18 nuevos Concejos Vecinales y además, los vecinos pueden optar por obras en su zona de residencia, lo que se llama Presupuesto Participativo, que se terminan plasmando en función de los votos que reciban.
O sea se vota a los Concejales Vecinales y también el Presupuesto Participativo.
Para quienes nos gusta votar, nos parece o nos hacemos la idea que será una buena votación. Aunque luego, nos encontramos con vecinos de la capital, que por cualquier motivo menor tuvieron la excusa para no participar del acto eleccionario.
Realmente no comprendemos esa posición. La respetamos, pero no la comprendemos. Aquellos que vivimos la década infame de la dictadura, donde la posibilidad de expresarse democráticamente estaba prohibido incluso en un club de bochas, sin ser para nada despectivos hacia ese atractivo deporte, es a manera de ejemplo que lo citamos, ya que nos cuesta aceptar la pasividad ante un acto eleccionario, cualquiera sea el tema a decidir.
Las pocas elecciones que se realizaban en aquella década del 70, generalmente en clubes deportivos o para integrar las comisiones directivas de Cooperativas de Viviendas, estaba la lista de los que se presentaban para ser electos y pasaban por la censura de los dictadores, y determinaban si se les permitía presentarse como posibles directivos o no. Tremenda perversidad.
Serán esos recuerdos tan amargos, que determina en mi ser, que cualquier acto eleccionario donde pueda participar lo hago con gusto. Para mi es una fiesta.
Y la del 30 de octubre lo será. Gran cantidad de vecinos se presentan como candidatos a las elecciones en los 18 Concejos de Vecinos y paralelamente más de un millar de obras también podrán ser seleccionadas por los propios vecinos de Montevideo.
¿Puede existir una instancia más fresca, más auténtica, más democrática que esa? No lo creemos.
Acá además, no existe un solo partido político que participe de esta jornada. Son los vecinos, entre vecinos y buscando mejores también para los vecinos, para ellos mismos.
Y por otra parte también pueden votar los que cumplieron 16 años e iniciar el proceso que los llevará sin duda a encontrarse en el 2019 ya con una experiencia de elección sobre sus espaldas.
Es de esperar que sea con buen tiempo, para que realmente ese domingo sea una fiesta completa. Y por eso titulé esta pequeña reflexión de esa forma: “me gusta votar”. Me siento libre cuando lo hago, porque en el acierto o en el error de la decisión que tome, esa decisión me pertenece.
Nos vemos el domingo con cédula de identidad en mano. Seguro que será una fiesta.
