Enemigos cercanos

Enemigos cercanos

Por Hugo Bervejillo

La notoriedad del caso Snowden- perseguido por EEUU en calidad de traidor y antipatriota- amerita detenerse un poco en el pasado reciente con referencia a las actitudes de un país que se siente agredido. Las noticias dicen que en este caso, se lo persigue por todo el mundo.

Cuando EEUU intervino en la 2ª. Guerra mundial (que comenzó oficialmente cuando Hitler invadió Polonia en setiembre de 1939, pero EEUU se movilizó recién en febrero-marzo de 1942), enfrentaba a una coalición países, autodenominada El Eje: Alemania, Italia, Japón, y asociado a ésta, España.

Finalizada la guerra, EEUU propuso la conformación de un Tribunal – cuyos jueces eran de las nacionalidades de los países integrantes de los Aliados-, para juzgar los crímenes de guerra de Alemania, que se realizó entre 1945 y 1946, donde de 611 acusados, fueron juzgados 24 líderes nazis. El resultado fue de 11 condenas a muerte, 3 de prisión perpetua, 2 a 20 años, 1 a 15 y 1 a 10. Y 3 absoluciones.

No hubo lugar a condenar a Adolf Hitler, figura principal de Alemania, porque éste se suicidó en abril de 1945

Un caso curioso lo protagonizó Thyssen, el heredero de las industrias metalúrgicas Krupp- abastecedor de armamentos, municiones, barcos y aviones-, quien fue declarado “incapaz de soportar un juicio”;  se intervinieron sus fábricas, pero les fueron devueltas en 1968, sin explicación. Pero hay que recordar que uno de los poderosos accionistas era Geoffrey Bush.

Tampoco fueron juzgados los industriales, como la Benz, Volkswagen, Bayer, Schering, Osram.

Sin embargo, al mismo tiempo, EEUU hizo la vista gorda a la puesta en práctica de “la ruta de las ratas”, un proyecto que llevó adelante el Vaticano de Pío XII, con directa responsabilidad de los obispos Hudal y Draganovic, que ayudó a emigrar – a través de una ruta de monasterios italianos- a cinco mil jerarcas nazis con destino a América, entre los que se encontraban figuras de la talla de Joseph Mengele, Martín Bormann, Adolf Eichmann, Otto Kempe, Priebkhe- que todavía vive-, Ante Pavelic- líder de los nazis croatas, que emigró a Argentina con lo más selecto de la Ustasi, su policía secreta; nuestro conocido Cukurz- asesinado en Uruguay-, etc.

Y todavía adoptó una tercera actitud: la cooptación de elementos nazis, entre los que figuran notoriamente Klaus Barbie- que participó en contrainteligencia norteamericana en Berlín entre 1945 y 1950-, conjuntamente con oficiales alemanes desmovilizados, para la parte sucia de la Guerra Fría contra la Unión Soviética.

En el caso de Japón- recordar que su deuda mayor era nada menos que el ataque sorpresivo sobre Pearl Harbour, en diciembre de 1941-, se instituyó un Tribunal que funcionó entre 1946 y 1948.

En este caso, el Jurado fue enteramente norteamericano.

El resultado fue de 7 condenas a muerte, 16 a cadena perpetua, una a 20 años y una a siete. 25 procesados en total, y ninguna absolución.

Lo más curioso es que el Emperador Hiroito- el principal responsable- no solamente no fue tenido en cuenta, sino que se le preservó de que ninguno de sus oficiales lo acusara (en ese caso, se desestimó la “obediencia debida”), y se le dio apoyo oficial.

No hay noticias de que se haya juzgado a los oficiales japoneses, protagonistas de masacres y torturas a lo largo de toda la guerra. Sin embargo- debido a su notoriedad- se conoce el caso de Shiro Ishii.

Jefe del tenebroso Escuadrón 731, establecido en Manchuria, se dedicó, antes y durante la Guerra, a supuestos experimentos biológicos -con campesinos chinos y después con prisioneros-, hasta situarse como digno émulo de Mengele. No obstante sus atrocidades- en Internet se puede encontrar un museo de horrores a él debidos-, obtuvo inmunidad de EEUU, quien aprovechó sus conocimientos de guerra bacteriológica y lo asimiló a su ejército. Murió como coronel del Ejército Norteamericano en 1959.

No hubo ningún Tribunal, en cambio, que condenara los crímenes de guerra de los fascistas italianos. En abril de 1945, EEUU, negoció con el Vaticano- por la influencia que tenía sobre los partisanos democristianos, entre los que había varios condes y duques- para que Mussolini se entregara a éstos y así salvarle la vida, pero éste no entendió las señales y huyó al norte, donde fue capturado por partisanos comunistas, que lo fusilaron para evitar una amnistía o un juicio benévolo.

Efectivamente, hubo más tarde una amnistía que amparó a toda la cúpula fascista y disolvió en el olvido el apoyo de los industriales del norte a la industria de la guerra (por ejemplo la FIAT, que fabricó aviones, tanques, camiones y autos)

Y tampoco se propuso un Tribunal para juzgar las masacres de Francisco Franco en España. Dado que durante la guerra Franco no salió de fronteras- fuera de mantener las colonias africanas-, quizás se entendió que el genocidio de opositores era un asunto estrictamente español y por ende no rozaba a  los intereses de la Humanidad. No obstante constituir una dictadura- proclamada, aclamada y férreamente sostenida- la llamada Gran Democracia del Norte no solamente no la hostilizó sino que en la década de 1950 le otorgó una inyección de capitales   (el Plan Marshall) para contribuir a su desarrollo.

Como se aprecia, el criterio de EEUU para tratar a sus enemigos es variado.

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