“Tres gauchos orientales”

“Tres gauchos orientales”

Por Dr. NELSON SICA DELL´ISOLA

En recuerdo de su autor; Antonio Lussich

Fue uno de los nueve hijos de don Felipe Lussich, un inmigrante proveniente de una isla del Archipiélago de Dalmacia en el Mar Adriático; y  de doña Carmen Grifo una italiana de la Provincia de Savona. Nació en marzo de 1848 y falleció en 1928.

Cuando tenía 22 años, se incorporó a las fuerzas del caudillo blanco Timoteo Aparicio, en la “Revolución de las lanzas”, contra el Gral. Lorenzo Batlle, que gobernada solo con su partido, con exclusión total de los blanco, expulsados del poder por la Revolución de Venancio Flores.

Miles de blancos habían emigrado del país y el 4 de marzo de 1870, reconocían como sus jefes a los Coroneles Timoteo Aparicio ye Ignacio Benítez, invadiendo el país al día siguiente, comenzando así la más típica y gaucha de nuestras revoluciones, con jinetes armados fundamentalmente con lanzas. Revolución que terminó después de dos años de enconados combates, con la llamada “Paz de Abril”, firmándose el convenio el 6 de abril de 1872, lo que no convenció a Lussich, que aconsejando resistir el acuerdo, emigrando a Buenos Aires, diciendo que esa Paz “jiede a mancha”. Y que “lo que si no entrego yo, las armas conque peleé y un hoyo en mi pago haré, para así poder enterrarlas y si es menester usarlas pronto encontrarlas sabré”.

La obra a que nos referimos se escribió después de dicha guerra, en apenas dos meses; e irrumpió en la sociedad en junio de 1872, seis meses antes que José Hernández hiciera lo mismo con la primera arte de su “Martin Fierro”. Y si unimos ambas, es porque responden al mismo estilo de poesía gauchesca.

En conferencia dictada en Montevideo, en octubre de 1945, el autor argentino José Luis Borges dijo que Lussich “fue muy precisamente precursor de Hernández, pero si Hernández no hubiera escrito el Martin Fierro inspirado por él, la obra de Lussich sería del todo insignificante y apenas merecería una mención fugaz en las historias de la literatura uruguaya”. Y alude a la paradoja de que “Lussich crea a Hernández, siquiera de un modo parcial, y es creado por él”. Por lo que es posible advertir una influencia recíproca entre ambos escritores.-

El libro de Lussich fue seguido un año después por “El matrero Luciano Santos” y más tarde por “Cantalicio Quirós y Migerio Castro en un baile del Club Uruguay”.

Tres personajes ficticios: Julián Jiménez, Mauricio Valiente y José Centurión dan sus respectivas opiniones sobre el armisticio que terminó con la guerra. El primero quiere la guerra, Centurión que ella termine y Valiente que ya que se firmó la paz es un deber ajustarse a ello porque el soldado debe obedecer al Jefe que ordenó.

Y al final aparece un cuarto personaje, que representa al propio Lussich: “ Yo sentí lo que prosiaron, metido en un matorral y aquel gran berenjenal, escuchaba y lo escribía, para recordarlo algún día, como un cuento nacional” Pero me llaman matrero, pues juyo a la catana, porque ese toque de diana, en mi oreja suena feo, libre soy como el pampero y siempre libre viví, libre fui cuando salí dende el vientre de mi madre sin más perro que me ladre , que el destino que corrí”.

Concluyendo con estos versos:  ¡“… sepa que el mejor tesoro, es hacer bien al hermano, quiera Dios pueda el paisano con sus obras convencer, yo al dirme le hago saber que soy su amigo Luciano!!!”

Lussich fue sin duda uno de nuestros mejores poetas gauchescos, aunque su obra literaria haya quedado un tanto relegada, por otras facetas de su personalidad: como su grandiosa obra forestal en el Parque que lleva su nombre en “La ballena” de Punta del Este. O como una empresa de salvatajes marítimos. Temas en los cuales también escribió varios libros. Pero nuestra nota de hoy está dedicada a recordar sus versos costumbristas, auténticamente orientales, que buscaban hacer justicia con estos parias abandonados, para que se reconocieran los derechos que tienen como ciudadanos de un pueblo libre.

“Sólo respeto a un amigo que le soy fiel como un perro, es el gaucho Martin Fierro y con orgullo lo digo: yo cabrestiando lo sigo y siempre lo he de seguir; juntitos demos de dir siguiendo iguales destinos, que orientales y argentinos siempre aliaos han de vivir” (últimas décimas de su obra: “El matrero Luciano Santos”).

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