Por Pompidio
Para todo hay obstáculos. O de lo contrario se inventan. Hace unos años atrás, había colectivos enojadísimos con las ceibalitas. Claro, lo hacían desde alguna posición con el confort que genera muchas veces Montevideo. Olvidando que las “ceibalitas” llegarían a puntos alejados de la capital.Rincones del país, que muchos críticos jamás pisarán. Y así con casi todo. Tema que apunte a cambios, se viene el trancazo. Ahora hay quienes se oponen a la tarjeta, o al chip de los perros, y así vamos. De trancazo en trancazo.
Hace unos días se informó sobre el procesamiento de un hombre de 62 años por haber abusado sexualmente de una niña de 10 años. Sucedió en la ciudad de Artigas. La menor es amiga de la hija del abusador y las dos niñas se las ingeniaron para filmar el triste episodio con una ceibalita para que los adultos les creyeran.
El hombre abusaba de la amiga de su hija, enviando a su hija a realizar un mandado, para quedarse a solas con la otra menor. En determinado momento, la hija se enteró del abuso y le dijo a su amiga de filmarlo, porque le tenían «mucho miedo» al padre y «nadie les iba a creer».
Brutal episodio. Realmente no hay palabras para calificar a ese individuo, el cual debería ir preso de por vida (otro tema que se dilata en el tiempo, el cambio de las leyes), pero lo que queremos resaltar, es la importancia que tuvo la “ceibalita” tan desmerecida incluso por educadores.
Por supuesto está demás elogiar la valentía, astucia de esas dos niñas, que vivieron una tragedia que las marcará para toda la vida. Alguien dirá que esto es traído de los pelos como reflexión. No, para nosotros no. Nos referimos al “trancazo” que en su momento sufrieron las ceibalitas. Y ojo que algún desprevenido puede pensar que este tema se resolvió por ceibalita sí o ceibalita no. Lo que queremos decir, que no se puede vivir trancando todos los avances que existen hoy en el mundo. Hay miedo a los cambios. Y los cambios nos pasan por arriba.

