Algo nos impide ser un país de primera

Por Mario Morosini

Seguramente como uruguayo que soy, sin darme cuenta también mi dinámica es de actuar sin extremar los cuidados en las acciones que realizo. No me quiero excluir ni señalar a nadie. La diferencia puede estar —y lo digo con modestia- en que además de darme cuenta, lo escribo.

Hace unos días mataron a un joven de 19 años en las puertas de un centro bailable, cuyo nombre es Coyote. Así de sencillo. Y así de trágico. Una vida que daba sus primeros pasos, quedó trunca.

La crónica policial habla de tres integrantes de las fuerzas del Ministerio del Interior que, en la trifulca que se inició en las afueras del local, utilizaron sus armas de reglamento en forma intimidatoria, y una bala, al rebotar, mató al joven. Así contado parece como si fuese algo natural. Y es una salvajada de gran calibre, que no por mala suerte, sino por la violencia que se vive en la sociedad, termina con otra vida joven.

¿Qué es ese “algo” que nos impide ser un país de primera? Aclaremos que siempre fuimos así.  Es cierto que hemos sido formados en aspectos que nos deben llenar de orgullo, aunque no debemos dejar de reconocer que entre los vicios más notorios está o estuvo siempre presente el “más o menos”. “Dale, vení que el diputado si vas a su “club” te consigue un trabajito como empleado público”, era común oír allá por la década de los 60 esa frase. También así se formó el Uruguay. Hasta para conseguir un teléfono había que presentar tarjeta del diputado y el trámite era más rápido y no demoraba 10 años como sucedió en mi familia. Será la idiosincrasia uruguaya, no lo sé, lo que sí sé es que seguimos, tal vez sin “tarjeta del diputado”  pero en muchísimos lugares, con la cabecita de hacer las cosas a lo que salga, como tapando agujeros.

Hoy nos enteramos que se cierra Coyote por 30 días. Por otro lado nos enteramos que, con el lío de la aparición de Uber, se empiezan a controlar los taxis. También nos enteramos que se toman disposiciones sobre distintas anormalidades que existen, y casi siempre se toman medidas un minuto más tarde, o después que pasa un episodio que nos conmueve. Por ejemplo, hace años que se trata de ver cómo terminar con la violencia en el fútbol. Reuniones deben haber existido como un centenar. La solución no aparece. Cuando algo sucede, entonces, de la mano de los grandes titulares, el tema vuelve al tapete.

Como en Coyote se habían vendido previamente 700 entradas, y había como 900 muchachos ya dentro del local, y como además había 400 afuera, muchos con entrada en la mano, a alguien por la disposición que lo amparaba y que le indicaba que así tenía que proceder, decidió cerrar las puertas. Luego pasó lo que pasó, desnudando que el “más o menos” está vivito y coleando, mientras un joven pierde la vida con solo 19 años.

Un día son los patovicas, otro día son agentes del orden que no podían estar armados, pero igual estaban armados, contratados por la “bailanta”, nadie pensó que una masa importante de jóvenes, al no poder entrar, armaría el lío que armó si mandaban cerrar las puertas y lo peor es que tampoco nadie controla la venta exacta de entradas para esos espectáculos. Es el “más o menos”.

Otro tema que igual tiene que ver con esa forma de actuar que nos juega en contra. Ayer vi un video corto, de unos obreros “peseteando” a empresarios asiáticos que por ahí se pasan por el “forro de las orejas” las leyes laborales del Uruguay. No lo sé, porque desconozco las causas. Supongo que tienen razón los obreros, aunque no sea la forma más adecuada de protestar.

Paralelamente el Gobierno está con una delegación en China, por la firma de un TLC con ese gigante asiático, segundo en el mundo y con más de 1.300 millones de habitantes, tratando de realizar negocios que permitan tener trabajo a los 3 millones de uruguayos o a buena parte de ellos, en forma directa o indirecta.

Por otro lado leo que el Pit Cnt, que tiene representantes en la delegación a China, estaría en contra de posibles acuerdos con Chile. ¿Entonces con China sí y con Chile no?.  Cuesta seguramente a un extranjero que está acostumbrado a vivir en un país ordenado, entender nuestra “dinámica”. Confesamos que a nosotros también.

Algunos pensarán que mezclamos situaciones. Para nosotros no, todas están en relación a ese “más o menos” donde mucho se basa en el sentido común, y como hoy parece que también se abandona el sentido común, terminan luego pasando situaciones que nadie quisiera que ocurriesen.

Un detalle final y simplemente lo agrego para que se piense sobre lo que queremos expresar.

Parece, repito, traído de los pelos, pero no lo es, porque el mensaje que quiero aportar es que debemos abandonar el “más o menos” y tratar de ser un país de primera, que haga las cosas bien.

 Y ese ejemplo es el de la selección celeste: jugó siempre en Medellín ante Colombia, siempre nos ganaron en esa tierra sumamente calurosa, húmeda por demás, y que terminaba ahogando a nuestros futbolistas y se venían de regreso con una goleada. Ya le había ocurrido con otros planteles al maestro Tabárez y su equipo. ¿Saben lo que hicieron el martes pasado? Los futbolistas tuvieron, debajo de las camisetas, una fina malla que previamente estuvo en un freezer y les permitió en parte estar refrigerados  y jugar algo más cómodos. Pudimos ganar el otro día, empatamos, un punto histórico. También se pudo perder, pero independientemente del resultado, la acción final es entender que la ciencia, la tecnología, el mundo están cambiando, y el “más o menos” debe quedar como parte de la historia.

 

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