Por Eme Eme
El 17 de julio pasado escribíamos en esta misma web SE DISPARÓ LA TORTUGA. Se puede leer. Lamentablemente no nos equivocamos. Seguimos con el COVID-19 en nuestro entorno, parecería que cada vez más y también da la sensación de no generar mayores desgracias físicas, aunque nos aproximamos al medio centenar de fallecidos. Los que siguen minimizando la pandemia, sinceramente no los comprendemos. Tampoco entendemos las contradicción que escuchamos, vemos y observamos a diario. Por lo tanto esta nota que sigue, si bien tiene mucho de real, la debemos enfocar con cierto humor. De lo contrario nos pondríamos a llorar…y dicen que eso no es de hombres.
Es posible que este “bichito” que tiene en tensión al mundo entero, no interprete a los uruguayos. Esa debe ser la explicación “científica” de por qué no se disparó en nuestro paisito. El “loco” está desorientao como decía Juceca con su personaje Flautero Repetorio.
Cuando el Covid-19 arriba al territorio se encuentra con estadios vacíos, pero a su vez la Rural llena.
No se puede gritar un gol pero sí aplaudir a un toro de esos gordos que se arrastran en la pista tirados por un hombre con bombachas, cinturón grueso, pucho colgando del labio inferior y una boina chanfleada en la cabeza. Un día de semana se calculó la presencia de 9 mil personas. Lo escribo en letras para que se entienda mejor “nueve mil personas”. Hay que avisar que nueve mil asistentes solamente se da en algún partido de fútbol donde juegue Peñarol o Nacional, en los demás si van tres mil, es una disparate.
Por otro lado se aconseja no realizar reuniones, menos bailes, menos fiestas y latente la amenaza de fuertes multas. En cambio sí cumpleaños con no más de 60 personas y hasta dos horas y media de duración. O sea que si la torta y las velitas no se soplaron en ese espacio de tiempo marchaste. Si te ocurre que hay que esperar a la abuelita que con dificultad se acerque a la mesa para ver soplar las velitas al nieto, y justo pasaron las dos horas y media ¡zafarrancho! Seguramente el soplido de las velitas, luego de los 150 minutos de duración del cumpleaños, ya es contaminante.
Entonces el COVID-19 se toma su tiempo para pensar y para peor en ese sopor en el que entra, mira de soslayo la tv y liga mal y se encuentra con una conferencia de prensa, entonces queda estupefacto.
Paralelamente todo indica que se hagan los hisopados que se hagan, hay casos. O sea que ¿cuántos asintomáticos existen que no se les hace hisopado?. Nadie lo sabe, sí rompe los ojos que el bichito está activo.
Ahora vienen las elecciones departamentales y municipales. Veremos de todo seguramente. Nada nos puede alarmar. Es de esperar que la mayoría, como desde el primer día asuma con responsabilidad. No todos por cierto, eso es evidente y se palpa a diario.
Para terminar, y no hacer largo esta sumatoria de contradicciones, sería importante entender que por un largo tiempo, como mínimo mediados del año próximo, estaremos viviendo una situación donde las precauciones las debemos tomar nosotros, cada uno con su propia capacidad y sensibilidad, y si realmente queremos al prójimo como a nosotros mismos, cuidarnos al extremo.
La vida es muy disfrutable sin necesidad de grandes fiestas o aglomeraciones innecesarias.

