Por Dr. NELSON SICA DELL´ ISOLA
Entre las más importantes obras de José Belloni, se encuentra la que encontramos en la Avda. Lorenzo Mérola del Parque José Batlle y Ordoñez. Un grupo escultórico que es cita de todos los visitantes, como lugar obligado “para la foto de recuerdo” con el fondo total o parcial de esta obra (hoy también compartida con “el Entrevero”). Tiene basamento de bronce y granito, y el resto todo de bronce: tres yuntas de bueyes tirando, y otros dos atrás de la carreta algo empantanada en el lodo, y un gaucho a caballo con picana. “Como un rancho de dos ruedas que va buscando una loma”, al decir del poeta gauchesco Rodolfo Blas Arrigorriara, que muy bien interpretaba Néstor Feria.
Un merecido monumento recordatorio, al que sólo le falta rechinar, porque como no era frecuente engrasar sus ejes, eran comunes sus chirridos que a muchos molestaban, pero que otros escuchaban con placer aunque los llamen “abandonau” como Atahualpa Yupanqui, al que le gustaba que sonara. Cumplió muy bien su misión como compañera del gaucho y del rancho que poblaron la Patria Vieja, en tiempos a veces felices y en otros bravíos. Y nos obliga a pensar en el carretero, inmortalizado en la popular tonada criolla de Arturo de Nava, uno de los temas preferidos de Carlos Gardel, siendo necesario corregir en el texto, pues dice “carrero”, cuando corresponde mencionarlo como “carretero” pues es el conductor de la carreta, no de un carro.
La carreta es parte importante de nuestro folklore, como lo ha señalado el Dr. Raúl Iturria Igarzábal en su “Tratado de Folklore”, integrante de una familia rural varios de cuyos mayores, vascos o descendientes de ellos, mucho tuvieron que ver con la carreta. Señalando que no es solo nuestro sino que fue importado de España. Porque ha sido uno de los temas preferidos de escritores poetas y artistas plásticos, que lograron inmortalizarla. Como el romance de Juan Ramón Giménez, en una descripción válida para todas las carretas y carreteros del mundo entero, cuyo texto transcribe:
“ Como lloran las carretas / camino del Pueblo Nuevo / Los bueyes vienen soñando, / a la luz de los luceros,/ en el establo caliente / que sabe a madre y a heno / Y detrás de las carretas / caminan los carreteros / con la aijada sobre el hombro / y los ojos en el cielo / Como lloran las carretas/ camino del Pueblo Nuevo. ” ( aijada es el aguijón para azuzar a los bueyes).
A la Banda Oriental o de los Charrúas, las primeras veinte carretas llegaron con Hernandarias de Saavedra, en noviembre de 1607, desde Santa Fe, como antes llevó 76 a la Patagonia. Carreta y bueyes fueron dos partes esenciales formando una unidad, en este modo de transporte, especial para cargas pesadas en todo el territorio.
Belloni acostumbraba concurrir a un establecimiento rural cercano a Sarandí del YI, de donde es oriundo el citado autor, varios de cuyos familiares tienen bastante que ver con este tema; y muchas veces vio pasar por allí una carreta, que en la mañana iba y volvía al anochecer por la misma senda, lo que fue modelo para su obra. Que puede ser también expresión de la herencia vasca de Belloni por el lado de su madre, ya que los vascos fueron de los primeros protagonistas de la fabricación y uso de este medio de transporte.
Emilio Frugoni citado por el mencionado escritor, en su poema “Los Caminos”, nos dice al respeto: “Los caminos de mi patria los hicieron las carretas, / En las altas ruedas iban enredados los caminos, / y tras ellas se quedaban estirados entre el pasto/ como cicatrices grises, por los años y los siglos. /// De los ejes descendían a posarse sobre el suelo/ con monótono quejido”.
La obra escultórica de Belloni, conjunto de 22 mts. de largo y 150 toneladas de peso, fue declarada Monumento Histórico Nacional, por Resolución del Poder Ejecutivo Nro.1170/76, publicada el 15 de setiembre de 1976, a propuesta de la Comisión del Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural de la Nación.
Sin desmerecer –por supuesto- la importancia de “La Diligencia” en el Prado, inaugurado en 1952; “El entrevero”, en Plaza Juan P. Fabini inaugurada en 1967; “Monumento a José Pedro Varela” en Bvar. Artigas en mármol y bronce, inaugurado en 1918, y “Monumento a José Enrique Rodó” en el Parque que lleva su nombre y donde hay varias obras suyas, inaugurado en 1947 también en mármol y bronce, que pueden clasificarse como conjuntos emblemáticos de la vastísima obra del mismo autor. Aunque no son los únicos pues hay muchos más.
Escultor y docente de la Facultad de Arquitectura, don José Belloni, nombre completo José Leoncio Belloni Garaycoechea, fue el tercero y último de los hijos de Giuseppe y Martina, pues antes nacieron dos hermanas suyas. Nacido el 12 de setiembre de 1882 en el barrio del Prado, y fallecido el 28 de noviembre de 1965, también en Montevideo. Donde vivió y trabajó, salvo algunos períodos: el primero en Suiza donde se radicó con su padre en Lugano, ya separado de su madre, que quedó en Montevideo con sus hermanas, cuando él tenía 8 años, completando allí primaria y secundaria; y tuvo su primer trabajo en la Escuela Cantonal de Arte del Maestro Luigi Vassalli. Comenzando por barrer con una escoba, pero donde se fue interiorizando con el arte, comenzando ya su carrera. Años después en Munich, Alemania, donde concurrió en uso de una beca, graduándose con primer premio y medalla de oro. Luego de pasar por Budapest y Paris, se instaló en Roma, donde logró segundo premio y medalla de plata, instalando allí su primer y propio taller. Comenzando su mayor vínculo con el arte y aún sitio de algunas de sus primeras exposiciones.
Integró una familia humilde procedente de la zona italiana de Suiza, y ya como artista consagrado, muy perfeccionista y detallista al máximo, muy disciplinado y riguroso en lo técnico, tuvo en la naturaleza y los más desposeídos sus fuentes de inspiración, reivindicando los derechos de los más humildes, y defendiendo los derechos de las mujeres. Como dice una medalla que le otorgó la Junta Departamental de Montevideo en 1962, nuestro artista fue ejemplo de “Inteligencia, patriotismo, acción creadora y gratitud”.
Casado con una vasca española, Mercedes García tuvo un hijo único, Stelio nacido el 22 de agosto de 1920, que dirigió el taller fundado por su padre desde que él falleció, en la calle Dr. Juan Carlos Dighiero 2772, de Pocitos, hasta su muerte el 9 de setiembre de 1989. Que entre otros fue autor del monumento ecuestre gigante a Artigas en Minas. Que fue sucedido por su hijo José Alberto Belloni Conrado, que actualmente tiene 65 años, y con su esposa Yanet Chango también escultora, continúan con el taller y que entre muchas otras realizaciones exitosas, en el año 2009 se ocupó de la restauración de “La Carreta”, a la que nos estamos refiriendo, trabajo ganado por licitación pública en la Intendencia del Ing. Ricardo Eherlich.
En 1928 el Gobierno Uruguayo adquirió este conjunto escultórico, y se resolvió fundirlo en bronce. Pero no existía en nuestro país, ninguna fundición con capacidad suficiente para la tarea, por lo que se resolvió hacerlo en la “Fondería Artística Ferdinando Marinelli”, de la ciudad de Florencia, en La Toscana, una de las cunas mundiales del arte, por ese entonces era muy pequeña, fundada por Ferdinando que le dio su nombre en 1905, en Vía d´Giudei, en lo que mucho influyó el Cónsul Gilberto Fraschetti, que la conocía muy bien. Ferdinando había nacido en 1887, en Piegaro, Provincia de Perugia en la Umbría, y llegó a Florencia en su adolescencia, aprendiendo su oficio trabajando como aprendiz, en las fonderías de Cusmano Vignali y Fondería Gabellini. Cuando comenzaron los trabajos con La Carreta, Belloni se trasladó a Italia donde estuvo un año en Florencia, supervisando los trabajos. Actualmente, desde 2006, esta fundición está en Vía Giovanni Bocaccio, Barberino, Val d´Elsa, zona industrial, en ciudad de 4500 habitantes también en la misma provincia, por así imponérselo disposiciones de preservación ambiental. Fallecido el fundador, siguió hasta ahora en manos de sus sucesores, sigue siendo actualmente punto necesario de referencia de la excelencia artesanal italiana.
Entre las obras grandes más importantes, fundidas en este taller, La Carreta, fue la tercera en 1929, solo precedida por la primera, obra de Valmore Germignani para Livorno, homenaje a Giovanni Fattori, en La Toscana, en 1925 y otra en 1927 en homenaje a los caídos en la Gran Guerra, ubicada en la Plaza Dalmacia, de la misma ciudad de Florencia, obra de Mario Moschi. Y mucho influyeron en la extraordinaria evolución de la Empresa, sus esmerados trabajos, por lo que fue requerida muy pronto, desde muchos lugares no solo de Italia, sino también del mundo: el Estado Vaticano, Estados Unidos, Canadá, Macedonia, Rusia, Reino Unido…
El apellido Marinelli, es muy común en Italia, y aún hay otra fundición, “Pontificia Fondería Marinelli”, en la comuna de Agnone, pequeña ciudad de solo 5200 habitantes, al sudeste de la provincia de Isiernia, Región de Molise, especializada en campanas, de altísima calidad fundada aproximadamente en el año mil, y reconocida mundialmente, que es la empresa más antigua de Italia, y la segunda del mundo. La calificación como “Pontificia”, fue dada por el Papa Pío XI en el año 1924, y fue visitada por el Papa Juan Pablo II en el año 1995.
El “Duce” Benito Mussolini, Primer Ministro del Reino de Italia con poderes dictatoriales desde 1922, informado de las bondades de la obra, ordenó que se postergara el embarque del conjunto artístico hacia Uruguay, y citó a Belloni, para negociar que le vendiera la obra por lo que estaba dispuesto a pagar lo que pidiera, y aun ofreciéndole encargarle otros trabajos, porque quería que la obra quedara en Italia, como un homenaje del fascismo a los italianos que emigraron a Uruguay, cosa que no quería ni tampoco podía hacer el artista pues ya la había vendido al Estado Uruguayo.
Las diferencias entre los gobiernos de Italia y Uruguay, duraron más de un año, pero finalmente, se resolvió el traslado a Montevideo, en lo que mucho influyó la intervención de la Iglesia Católica. Y aún Belloni tuvo dificultades para volver a su país, debiendo hacerlo a través de Suiza. Y lo único que logró el dictador fue que la obra se exhibiera durante 30 días en el Palacio de las Exposiciones de Florencia. Finalmente la obra pudo inaugurarse el 14 de octubre de 1934.-
Lamentablemente acciones vandálicas con finalidades de robo de bronce, y aún por maldad, fueron deteriorando parcialmente la obra, que fue llevada a su estado original en el año 2011, colocándose también una alarma protectora, para evitar llegar hasta la obra, y hacer imposible siquiera tocarla.


