Por Darito Fernández
¿Una aventura, una locura o un acto de Fe? Nada de eso, simplemente una promesa (Si se salva la yegua nos vamos a la Meseta de Artigas). Así comienza esta historia en la cual varios intervinimos. La idea original fue de Mario –Tape- Castillo, ese enorme ser humano, amigo casi un hermano, (recitador y animador de fiestas criollas).
Por razones inexplicables, sin un diagnóstico cierto, ese noble animal tuvo una infección generalizada, altísima fiebre y se temía por su vida, llegando algún allegado a aconsejar que la sacrificaran para evitarle mayor sufrimiento. No obstante, la observación diaria por parte del Tape le decía que debía salvarla, que había algo en la mirada del equino que trasmitía ganas de vivir, y así iba hasta tres veces cada jornada para que tratara de beber y comer algo. Al final su corazonada le dio la razón y el esfuerzo conjunto con el Dr. Sicca tuvieron su premio y salvaron su vida.
De a poco a este emprendimiento se fueron sumando el Dr. Pablo Sicca – médico veterinario- que atendía al animal, luego Joselo Castillo hijo del Tape, Marcelo Cambón y Damián Cáceres amigos de fierro, Gustavo Rocha – chofer y cocinero- Javier –Pato – Fernández – transportando los equinos al retorno y por último yo, el mayor con 70 pirulos – marchero primerizo, cantor y guitarrero.-
Fecha de la partida el sábado 9 de Setiembre. Desde MARISCALA Dpto. de LAVALLEJA.
Como en todos los órdenes de la vida, algunas son buenas jornadas, otras llevaderas y otra difíciles y podemos decir que tuvimos de todo en esos casi seiscientos kilómetros a pata de pingos. Comenzamos con lo peor que fueron los días de lluvia torrencial, arroyos crecidos que nos cortaron la marcha y de entrada nomás comienza a retrasarse el calendario previsto. Después llegarán las lesiones de los equinos y como no puede ser de otra manera también nuestro cansancio; todo influye pero se sobrelleva con tesón y con la alegría que reinó durante todo el trayecto.

Algo muy importante a destacar, es la solidaridad del hombre que habita este Uruguay profundo, el común, el que se acerca a tender puentes, hacer los contactos con las instituciones de cada lugar para lograr alojamiento y pastoreo a la tropilla, algo realmente reconfortante, algo que sin duda nos levanta el ánimo permanentemente y con quienes tenemos un profundo reconocimiento y agradecimiento.
Por último nos esperaba Favio Batista, un joven lavallejino, oriundo de Nico-Batlle -que actualmente reside en Paysandú- que nos brindó su apoyo y compañía en el último tramo, las dos jornadas finales, y que además me consiguió un pingo rosillo para esas etapas. Finalmente llegamos a la Meseta de Artigas el sábado 23.
En resumen una experiencia altamente positiva, cargada de emotividad, incrementando nuestra maleta de recuerdos con anécdotas y contactos personales. Caminos a recorrer por nuevos integrantes, nuevas generaciones que deseen salir cara al viento por una causa de tanto contenido patriótico y sentimiento de pertenencia, como lo es ir una vez más AL ENCUENTRO CON EL PATRIARCA.-
Al final el abrazo fraterno entre todos, lágrimas de emoción por haber logrado el objetivo y casi una certeza de que volveremos algún día, no por esos caminos y tampoco a caballo, pero queda esa idea flotando, la vida y el tiempo nos lo dirá.
Gracias MARCHEROS por haberme dado la oportunidad de ponerme a prueba y el apoyo anímico que necesité en su momento.-

