Por Pompidio
Estamos viviendo un momento muy triste en la sociedad uruguaya. Obviamente que no somos de los peores países. E incluso para muchas cosas seríamos un muy buen ejemplo. Pero estamos perdiendo pie.
Lo del mal llamado “juego de la ballena azul” que apunta a los adolescentes, especialmente entre 12 y 15 años, es un delito que debería ser sancionado como tal. Y si no hay leyes que así lo marquen, se tienen que rápidamente crear.
Los adolescentes a los que se apunta es los sectores más vulnerables. Y acá entramos en juego los mayores. Preguntarnos qué hacemos con nuestros hijos.
Puede existir una grave contaminación en cualquier sociedad, pero si los padres cuidáramos debidamente la formación de los niños primero y adolescentes después, no pasarían muchas de las cosas que pasan.
Siempre vamos a caer en lo mismo. Por lo menos desde nuestro punto de vista. Para nosotros es el clima del hogar. La presencia, comportamiento y atención de quienes traen hijos al mundo.
Eso es básico. Se nos podrá decir que no todos tienen posibilidades. Puede ser. Nosotros afirmamos que no es un problema de dinero, porque existen hogares donde sobra el dinero y falta el amor por sus hijos.
Creen que dándole todo lo material se soluciona cualquier problema y no es así.
Los niños necesitan referentes muy sólidos. Tener un hijo es muy sencillo. Es encontrarse una mujer y un hombre y dentro de nueve meses alguien puede nacer. El tema es ver si se está preparado para ser padre.
Y ahí nos parece que está la principal falla.
Luego viene la responsabilidad del Estado. Y la tiene. En los hogares existe un integrante o dos que son ajenos a la familia, que son propios de los últimos 50 años, para citar una cifra aproximada. Es la televisión. Ahora se incorporó internet y por supuesto todo lo que fluye en las redes, por ejemplo vía celular.
El Estado en alguna medida decíamos que tiene su responsabilidad. Se tiene mucho temor, cualquier gobierno democrático lo vive, a ser señalado por censurar la libertad de prensa. Y como ese temor existe, porque puede generar consecuencias políticas, se permite cualquier cosa.
Claro, se dirá, luego está en cada hogar prender o no prender la TV, o directamente permitir que el niño o el adolescente vea o utilice mismo el internet para cualquier cosa o como le de la gana o las horas que tiene libre, sin control, haga lo que quiera.
Todo eso juega. Pero hay elementos que sí se pueden controlar. La decadencia de algunos programas de televisión son tan atroces que dan escalofríos. O la forma de dar las noticias, donde el morbo y lo trágico “vende” mucho más que la buena noticia.
Que los jóvenes del Tala logren una distinción a nivel de la robótica con trascendencia mundial. Simplemente es una noticia breve. Que el único científico uruguayo que los reciba en la NASA, también sea del Tala, poco parece importar. ¿Qué pasa en Tala, nacen genios? No lo sabemos, nos gustaría por lo menos investigarlo en vez, los medios que pueden, enviar corresponsales a un pueblito lejano para ver por qué hubo un crimen pasional.
La muerte de Felipe, el niño de 10 años, eso sí tiene mil historias. Da dividendo. No quiere decir que no se difunda, porque de alguna manera nos pega en el medio del rostro un grave problema que vivió en carne propia Felipe y que como quedó comprobado viven muchos niños y adolescentes en nuestro país, es posible que con resultados menos violentos, pero tan graves como los vividos por Felipe.
En fin, seguramente esta situación, o lo que sucede actualmente, deberá hacernos pensar, como padres y como abuelos, si estamos haciendo las cosas bien. A nosotros nos parece que no.
