Por Pompidio
Hay varias formas de atentar contra la democracia. Una de ellas es el manejo de los medios de comunicación y la forma que tienen (tenemos) de trasladar las noticias. De marcarlas como importantes y a las pocas horas o días, hacerlas desaparecer.
Pero también tiene importancia la Justicia. Por supuesto que no es menos el Gobierno. Y de alguna manera, todos los actores que con sus acciones le dicen (o le deberían decir) la VERDAD a la gente.
Cuando decimos la verdad, no queremos expresar que se mienta. Sino que ante determinados episodios, si los mismos son noticia hoy, no puede ser que desaparezcan de la opinión pública, sin conocer qué es lo que pasó.
Tres episodios tristes y preocupantes. Elegimos solo tres, pero hay más.
Cambio Nelson, fraude al Fonasa y el contrabando de autos de alta gama que eran, según la información, comercializados a 80 mil pesos.
Lo del Cambio Nelson, el estafador que aparece como principal, Francisco Sanabria, se dio hasta el lujo de tomarle el pelo a la sociedad uruguaya, a las autoridades, diciendo que en pocas horas volvía al país. Pero además se tomó su tiempo para arreglar sus petates, los de su familia y escapar para Estados Unidos, donde se supone que está cómodamente instalado. Hoy parece que son culpables, hasta el manisero que tenía su carrito ambulante a pocos metros del Cambio Nelson, y curiosamente todo lo que rodeaba a Sanabria en forma mucho más directa, a nivel comercial y política, está como anestesiado en la noticia, y además, libre de cualquier tipo de pena, aunque le hubiese llevado alguna valija al Aeropuerto para que escapara del país, antes de que se cerraran las fronteras. En este caso la Justicia debe proceder a fondo y la ciudadanía lo debe saber. No puede ser que este delito esté solamente implicado Francisco Sanabria.
Lo del Fonasa es hasta cómico si no fuese tan dramático. Es cierto, desde hace tiempo se venían haciendo denuncias por parte del BPS y también desde otros organismos. Y también es cierto que todos los días, alguien más cae preso. Pero quién es, o quiénes son esos “alguien más”. No nos interesa saber si es el detenido número 9, 10 u 11. Nos interesa saber quién es, por más que sea primario. Porque entre otras cosas, sabiéndolo la ciudadanía, pueden aparecer otras pistas. Esto no lo hizo un joven de 23 años con antecedentes desde los 17 años por estafa, sino que viene o es, un entramado mucho más grande, donde hay vinculadas muchas personas y posiblemente jerarcas de instituciones. Además, si bien cualquier estafa es repudiable, cuando se atenta con un sistema de salud y especialmente se utiliza a los más necesitados, es doblemente grave, por más que ante la ley somos todos iguales, y las sanciones ídem, pero lo cierto que hay casos más repudiables que otros, y este es uno de ellos.
Y el tercer caso es la cantidad de gente que cayó presa, por el contrabando de automóviles de alta gama. Alguien lo trae, o lo roba y la matrícula pasa a ser trucha, no importa la forma en que se hizo. Pero alguien los compra. Ahora ese que lo compra en 80 mil pesos ¿no va en cana? Acá no son solamente 13, porque si los autos son decenas, los implicados, deberían ser también unos cuantos.
No vamos bien. Es cierto, cada día hay más ajustes y controles y por eso saltan las estafas.
Pero también es cierto que ante un caso, el paso de los días nos dejan sin conocer qué fue lo que pasó. La gente no es idiota, y ese silencio -porque nadie va a salir a pedir explicaciones- pero ese silencio es peligroso y en algún momento, la sociedad explota por algún lado. No se le puede ningunear información como se le ningunea actualmente, donde aflora más la tergiversación que el contar los episodios que se suceden con la crudeza y realismo que corresponde. Caiga quien caiga.
