Por Eme Eme
Es posible que cuando pasen las fiestas, si tuviésemos una de esas maquinitas especiales que se deben haber inventado o se están por inventar, digamos u, chip, colocado debajo de la lengua, y que nos registre las veces que deseamos felices fiestas y feliz año nuevo en estos días últimos de diciembre, alcancemos una cifra que no nos podemos imaginar.
¿Y se dice por costumbre, porque queda bien o porque realmente se siente así? Debe haber un poco de todo. Por ahí, muchos deseos suenen a hueco. Los que damos, en algunos casos, y mismo lo que recibimos en otros tantos casos. Donde uno se queda pensando ¿me lo dirá en serio o me estará mandando al diablo por dentro?
En fin, son simplemente locuras las que escribimos en estos últimos días locos de diciembre. Por ahí suena a disparate ¿o todos de alguna manera lo pensamos?
Lo cierto es que estamos viviendo en horas Navidad, y estamos al borde o transitando, según cuando lea este artículo (si tiene ganas) el año 2017.
“No me gusta esa cifra” expresó una señora amiga en el día de ayer. Y me dejó pensando. Traté de borrarme de la cabeza dicho pensamiento, y no pude. Luego pensé: por ahí para otros es un buen número, ganaron a la quiniela con esas tres cifras finales en alguna oportunidad, o mismo con el 17 los ruleteros se hicieron de algunos pesos.
Sea como sea, el 2017 no lo podemos evitar y ya está con nosotros.
Pretendemos varias cosas. Que exista paz en el mundo, algo muy difícil de pedir, pero es un deseo que compartimos la mayoría de los seres humanos. Para el Uruguay que siga siendo un país habitable, con una cierta tranquilidad económica, política y social.
Lo escribimos reflexionando en forma global. Si me vienen a contar que a una señora la asaltaron en la esquina del supermercado, obviamente que ese Uruguay que también es real, no hace al análisis global. Nadie puede desconocer que vivimos una sociedad más violenta que la de mediados del siglo pasado. Siempre pensando en años de democracia, porque el mojón de casi 13 años de dictadura donde se hizo desaparecer hombres y mujeres, a niños incluso, esa barbaridad y atrocidad, hoy aun sin haber castigado debidamente a los culpables, no solo no se puede comparar con ninguna otra época, sino que avergüenza no haber logrado, aunque sea que los familiares de los desaparecidos, sepan cuál fue el destino y el lugar donde están enterrados sus seres queridos. Pero no queremos desviarnos, aunque es imposible olvidar.
Por lo tanto, nos estamos refiriendo a los años de democracia, aunque fuese renga en muchos pasajes. Cuando realizamos un análisis que abarque no solo la vida personal donde hay siempre buenas y malas, nos referimos al mundo donde los sucesos de violencia se suceden, donde la droga juega su papel (también en Uruguay) y todos los días nos enteramos de los infortunios económicos que viven otros países, algunos bien cercanos, y entonces, sin temor a equivocarnos o pecar de exagerados, podemos afirmar que Uruguay, sigue siendo, a pesar de todos los pesares, lo que se llamó en otras épocas, la Suiza de América o mismo “la Tacita del Plata” fuese por sus mayor cantidad de años de vivir en democracia, comparándolo con otros países del continente o mismo por seguir pudiendo realizar una carrera universitaria, gratis.
Alguien puede decir que exageramos. Que hoy cambiamos para mal en algunos aspectos. Y sí, puede ser, pero también podemos afirmar que aquel Uruguay donde se podía jugar al fútbol en la calle y las madres, salían de vez en cuando a advertirle a los niños que tuviesen cuidado, porque el único propietario del auto en el barrio lo iba a sacar del garaje, ese Uruguay tampoco ya existe, y no solo no se puede jugar al fútbol debajo del cordón de la vereda, sino que hay que cruzar una calle como peatón, poniendo todos los sentidos a disposición de salvar la vida.
Todo cambió. Y aun así, aseguramos -a riesgo que nos critiquen- que seguimos viviendo en un país maravilloso, que si no es mejor, se debe a nosotros mismos, que hacemos poquito por quererlo y cuidarlo.
Pero dejemos esto por acá. Cada uno hará su propio balance, pensará en el año que se aproxima o que empezamos a transitar, y sin ser para nada HUECOS en lo que expresamos, deseamos a todos mucha felicidad. Lo mejor. Todos sabemos que en un año, nos pasan cosas buenas y de las otras. Esperemos y es de desear, que sean más la buenas que las malas.
A los lectores, que nos hacen el “aguante” , muchas gracias por el apoyo. Y el deseamos el bienestar de todos, muy sincero, teniendo en cuenta que vivimos en un país único, el cual, como decíamos, tenemos que cuidar en todas las áreas.
Feliz Año 2017.
