Por Mario Morosini
La culpa no es de Nacional y Peñarol. Tampoco es del fútbol. Eso tiene que quedar claro. Por lo tanto solicitar que se suspenda el fútbol parecería una contradicción.
Sucede que cuando juegan estos dos equipos grandes, antes, durante o después, se dan situaciones de violencia y la gente, abrumadoramente bien, tiene cada vez más miedo de concurrir a los espectáculos donde ambas parcialidades (o por separado) estén presentes. Ni que hablar, las barras que se amontonan tres horas antes, para consumir cualquier tipo de sustancia y luego entrar todos juntos al escenario. Lo que sufren los vecinos que viven alrededor del Parque Central no tiene nombre. Un amigo que vive a dos cuadras, me dice que tienen que meterse dentro de la casa, sacar el auto o irse horas antes de que empiece el partido o regresar bastante después. No es vida.
Por lo tanto, todo requiere un principio.
Suspendamos el fútbol, y hasta que no se tengan los elementos necesarios para saber quiénes son los que ocupan un asiento, estando la persona perfectamente identificada, el fútbol no se inicia. En mi caso personal y en el de la mayoría de los uruguayos que concurrimos al fútbol, saber que ocupo un lugar y que quedo absolutamente registrado al entrar y salir del escenario, seguro que no tenemos ningún drama. Lo que sí es drama es tener que dejar el auto a 8 cuadras, o salir mirando para todos lados para no encontrarse con una barra donde vienen drogados o semiborrachos o que te sospechen del cuadro rival.
El fútbol llamado profesional, no puede desarrollar sus torneos mientras existan estos absurdos, propios de sociedades donde no existe civilización. Y no es un tema de cercenar la libertad. Porque la primera de las libertades es la de la gente bien, que no tiene por qué ir con miedo a un espectáculo de fútbol.
Y terminar con esa hipocresía de entradas de favor, que esos “malandras” consiguen siempre, por más que se diga que no se dan entradas. Cuando a un dirigente se le pone contra la pared preguntando sobre ese tema, termina diciendo que tiene miedo. Me lo confesó a mi un dirigente de Nacional que tuvo la gentileza de llamarme para pedirme disculpas por la pedrada en la cabeza que apareció de la nada y que tuvieron que dar 8 puntos. Y cuando le dije el por qué determinadas medidas no se tomaban, me confesó que tenían miedo.
Hace pocos meses atrás existieron elecciones en Cerro. Hubo patoterismo. El presidente electo, antes de asumir renunció. ¿Alguien siguió ese tema? En un partido de Racing y Fénix, hace un mes y medio atrás, un hombre fue agredido por los hinchas de otro club que pasaban en un camión, se bajaron y lo mandaron al hospital y a una señora, le dieron un balazo, felizmente leve. ¿Esos camiones, o camioneros que llevan hinchas, fueron detenidos? Nadie lo sabe.
De la misma manera que se va a un cine, un teatro, mismo en carnaval al Teatro de Verano o cualquier otro escenario, donde el orden, la tranquilidad para la familia existe, lo mismo debería ocurrir en el fútbol.
Otro aspecto que marca la diferencia entre el fútbol y diferentes actividades, son las sanciones.
En el fútbol es un drama. Si mañana Peñarol o Nacional tiene la quita de un punto o dos. Catorce comentaristas, todos los llamados periodistas deportivos, ponen el grito en el cielo. ¡Una barbaridad! Dicen. Distintas son las voces si el sancionado es Cerro o Villa Española. Ahí la cosa cambia. No pasa de un murmullo y por ahí hasta los que decían que era una barbaridad la quita de puntos a Nacional o Peñarol, si el sancionado es un club de los llamados chicos, entonces son capaces de cambiar la opinión y afirmar: “medida ejemplarizante”. Otro síntoma de hipocresía.
Decíamos que en básquetbol, donde las hinchadas también son bravas, jugando con el público al borde de la cancha, nada pasa o pasa poco. Y cuando ese poco pasa, se le sanciona al club infractor. Salió el fallo del partido Atenas vs Miramar jugado por el Metropolitano. Al club de Palermo, el próximo torneo Metropolitano, lo iniciará con 6 puntos menos y eso en básquetbol es mucho. Porque tendrá que remar muy bien el equipo de Atenas para salvarse del descenso a tercera división. Y además se le suspende la cancha por todo el torneo.
Un episodio más grave ocurrió a la salida de un partido en cancha de Cordón. Luego de una disputa entre barras de dos equipos, un anormal tiró un balazo al aire y mató a una joven que miraba por el balcón. Los clubes protagonistas perdieron la categoría. ¿Se imaginan a ustedes si mañana Peñarol o Nacional, por no solucionar el tema de esos 400 energúmenos que tienen en sus parcialidades, los llevan a descender a la divisional de ascenso? Sería una tragedia a nivel nacional. No sé si no se transformaría en una cuestión de Estado.
Y otro tema que hay que solucionar, para eso la necesidad de las cámaras, hoy que la tecnología está tan adelantada, captar a quienes cometen esas fechorías y que existan leyes durísimas que puedan aplicar los jueces y, como sucede hoy, luego de estar detenidos unas horas, dejarlos en libertad. Y no los dejan en libertad porque el juez es un burócrata, sino porque el funcionario judicial no tiene pruebas suficientes para condenarlo. Y eso también se tiene que aceitar, antes de continuar lamentando muertes o heridos graves como los tres muchachos de la ciudad de Santa Lucía. Y entonces con pruebas claras, son los legisladores quienes deben ponerse las pilas y proporcionar a la Justicia, severas leyes donde aquel que cometa un acto de violencia en un escenario deportivo, marche a un cárcel por bastante tiempo. Muchos bobetas, que siguen a un grupito reducido, que nada tienen que ver con el fútbol, sino con el tráfico de drogas, delincuencia, prostitución, etc. ellos y también los padres de esos jóvenes la pensarían más de una vez.
Y lo otro. Los dirigentes, para ocupar puestos de dirección, deben tener la suficiente madurez y cultura para entender que la investidura los lleva a dejar de ser hinchas en sus acciones públicas, tienen que contar con la sensatez suficiente para no declarar pelotudeces, no se pueden olvidar que tienen energúmenos que no entienden la ironía de una respuesta a un periodista. Porque estar discutiendo quién es el decano, e invitándose para festejos de aniversario y salir a decir que iría si se pone la fecha que corresponde, es una reverenda pelotudez, que habla muy mal de esos dirigentes que no tiene el cuidado necesario que se debe de tener cuando sus clubes, lo saben perfectamente bien, están rodeados de grupos de tarados que en nombre de Peñarol o Nacional o de cualquier otro club, hacen cualquier disparate.
Y ojo que no es algo contra los dos clubes más importantes y numerosos del Uruguay, sino que va para todos los clubes, lo que sucede que los demás, en vez de tener 400 idiotas, tienen 15 o 20, a los que también hay que erradicar de estos espectáculos deportivos, donde debe concurrir la familia con absoluta tranquilidad.
Tengo un nieto. Jamás lo llevé al fútbol, aunque me apasiona. No sé de qué sería capaz (y me transformo en bárbaro) si estando sentados tranquilamente en un estadio, le cae una pedrada en la cabeza y no le pasa lo que me sucedió a mi que me dieron 8 puntos, sino que en un niño el final sería mucho más trágico.
Y se dirá, también como excusa, que se corren para otros lugares los delincuentes. Es cierto, pero en esos lugares, los controles policiales (que en los sucesos de la rambla y Av. Brasil no demostraron ser eficaces, porque si todos sabían que eso podría suceder, entonces meter la policía a no permitir ningún foco, de pique, así luego salgan los “defensores de la libertad” a decir que la vía es libre) decíamos que los controles serían más sencillos, porque estos inadaptados no funcionan aisladamente, se hacen fuertes entre la multitud, es decir, como son 20 los líderes aproximadamente, 200 o 300 los estúpidos que los siguen, y en el entorno está la gente bien, con sus hijos, se meten en esa masa, en ese conjunto o aglomeración y ahí se fortalecen. Aislándolos, la cosa cambia. Incluso pierden el interés.
Me dirán que mucha gente vive del fútbol, y existirán decenas de argumentos de que el fútbol local debe continuar. Hace un tiempo que se está discutiendo el tema de las cámaras para identificar quienes alteren el desarrollo de un espectáculo deportivo, concretamente el fútbol. Dicen que no tienen plata. Pues cuando la consigan, entonces que se reinicie el fútbol, mientras miremos solamente la selección.
Si mañana se corta el fútbol, de todos los estamentos que rodea dicho deporte, se pondrán las pilas para declarar en los medios de comunicación menos y encontrar rápidamente las soluciones para que se reinicie el torneo.
Pero terminemos con la hipocresía.
