Día del Patrimonio: Escuela Experimental de Malvín, un patrimonio educativo

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Por Héctor Tito López

El 20 de abril de 1927, se autorizó la creación de una escuela a la Srta. Olympia Fernández, la cual comenzó a funcionar el 11 de junio de 1927, con 5 alumnos en una casita de la calle Estrázulas y Aconcagua.

Posteriormente la Srta. Olympia Fernández es autorizada a aplicar el Método Decroly que había conocido en Bélgica y desde ese momento la escuela comenzó a llamarse:

«Escuela Experimental de Malvín».

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Posteriormente se compró un terreno y se construyó un local, formado por dos pabellones y un galpón de madera y zinc, donde se instala la cocina y el comedor.

El 23 de junio de 1929, se colocó la piedra fundamental del actual edificio.

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En el año 1942, toma posesión del cargo de Directora Inspectora la Sra. María Abate, la que al tiempo empieza a aplicar el Plan Estable.

En 1980 se deja de aplicar dicho plan y pasa a ser Escuela Común.

Tras esta brevísima reseña un poco de historia…

En la década del 40 del siglo pasado en la “Experimental” se daba vuelo a un modelo educativo integrador y participativo, en un edificio acorde al plan a desarrollar en sus aulas, diseñado por el Arq. Juan Antonio Scasso.

Los actuales vecinos de la zona y los alumnos que hoy asisten a ella, quizás no tengan idea de cómo se percibía la escuela en ese época, por eso traemos al presente algunos recuerdos de ese tiempo.

Su triangular manzana era algo más extensa que la actual ya que el vértice que mira a la Av. Rivera ocupaba parte de la actual Plaza Freire. Así donde hoy termina el contorno de la escuela, un cerco de plantas marcaba el límite de su huerta.

Su perímetro estaba protegido por un cerco de alambre, con la particularidad que en su parte superior corría un caño provisto cada pocos metros con canillas a fin de tener agua para limpiar sus patios y regar las abundantes plantas que los adornaban. Parte de esa cañería fuera de uso, se ve aun en un trozo del cerco sobre la calle Míchigan.

La manzana estaba dividida en dos a la altura del portón que se abre por Estrázulas, de un lado la edificación original y en del otro, donde hoy se alzan las nuevas aulas, la huerta.

El patio delantero estaba totalmente bordeado de moreras, cuyas hojas alimentarían a los gusanos de seda, que se criaban para estudiar la extracción del hilo, de los capullos que ellos tejían. Cuando las plantas fructificaban los alumnos se trepaban a comer las más apetitosas, otros hacían guerrilla con la fruta caída, terminando con sus túnicas llenas de manchas para dolor de sus madres. Recuérdese que en esa época los niños concurrían con sus túnicas cuidadosamente almidonadas y planchadas a mano, ya que no existían las actuales telas. A la derecha del patio delantero existía una pequeña construcción dividida en dos, una parte semicircular era una fuente con plantas acuáticas y la otra era un pequeño depósito donde se ubicaba una bomba para el agua y el jardinero guardaba sus herramientas.

En los amplios salones con estufas a leña que nunca funcionaron bien, había un rincón para los cuentos, adornado entonces con malvones por su lado exterior. Allí en aquellos días sin “Ceibalitas” se reunía a los chicos para escuchar y participar en fantásticas historias.

El corredor de las aulas de planta alta, poseía largos toboganes a los que se accedía por puertas plegadizas generalmente cerradas. Claro que a la hora del recreo los chicos en medio de gran algarabía y empujones subían y se deslizaban por ellos, hasta que alguna maestra ponía orden.

Durante el recreo se servía una merienda, usualmente un pancito y un jarrito de leche.

Lunes miércoles y viernes la escuela funcionaba a doble horario con almuerzo incluido, luego del cual para disgusto de los más revoltosos, se reposaba por un tiempo antes de reiniciar las clases. En los depósitos de los corredores de planta baja, se guardaban entre otras cosas los perezosos para ese fin.

La caligrafía muy cuidada en ese tiempo, se practicaba con plumas intercambiables, tinteros, limpiaplumas y hojas a doble raya. El drama de la caída de los tinteros, se solucionó cuando apareció para intriga de los chicos, un recipiente que aunque se diera vuelta no dejaba salir su tinta.

El contacto con la naturaleza y la experimentación eran prioritarios. Para ello la escuela tenía su laboratorio con microscopio y el equipamiento adecuado, tubos de ensayo retortas, mecheros, etc. para que los alumnos realizaran regularmente experimentos de química.

interior2En las clases de biología se traían renacuajos del arroyo del molino y se seguía su evolución hasta que se transformaban en ranas. Se practicaban disecciones de ranas y conejos para estudiar su anatomía. Se incubaban huevos y se habría uno cada tantos días, para estudiar el desarrollo del pollito. Así mismo se realizaban frecuentes visitas a distintas industrias.

En la huerta además de practicar el cultivo de hortalizas y legumbres, se estudiaba la vida de las abejas, en un apiario que existía sobre la calle Míchigan. Para ello se formaban grupos de niños, los que pertrechados con guantes, máscaras y demás elementos de protección, se habría las colmenas para ver las abejas en actividad.

Los árboles que sobrevivieron a la construcción de las nuevas aulas y que hoy dan sombra a las mismas, eran en aquel tiempo muy pequeños. No obstante sirvieron reiteradamente de modelo para las clases de dibujo, que al aire libre allí se realizaban, incentivando el interés por el arte. Su punto culminante era la fiesta de fin de curso en el teatro de la escuela, con variadas representaciones a cargo de los alumnos.

Se efectuaban periódicas inspecciones odontológicas a los alumnos e incluso a los mayores,  estudios vocacionales y sicológicos.

La biblioteca y sala de lectura también fue concretada en esa década

Al deporte se le daba especial atención tanto en el predio anexo, como en la calzada de la calle Estrázulas, donde también se efectuaban competencias. A los fondos del galpón del anexo existía un taller de carpintería, donde se reparaban los muebles de las aulas.

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Facsímil del certificado de la Escuela

En una de las salas ubicadas frente a la dirección, estaba instalada la imprenta donde en una máquina Minerva manual, se imprimía la revista infantil EN VUELO. Los textos eran escritos por los alumnos y se complementaban, con grabados sobre suela de cuero, hechos a mano por ellos.

 

Al entrar a clase se solía entonar el tema Mi escuela que dice así:

Mi escuela es alegre bonita y dichosa;

Es un tibio nido está cerca del mar.

Llamas de malvones en sus ventanales

son vivos signos de un hondo amor.

Hermosos jardines abrazan sus muros

Llenando el ambiente de aroma y color.

Aulas luminosas de amorosas alas

Donde juega el niño con rayos de sol.

1 Comment

  1. Soy ex (vieja) alumna de la querida Escuela Experimental donde cursé el «Plan Estable»
    Por ello me permito agregar algún comentario. El plan suponía una Unidad temática para cada grado Por ejemplo en 4o «La vida en el agua » y a partir de ello las diversas materias seguían esa directriz, tanto en el programa común de Primaria como en el resto de los conocimientos que se impartía. No quisiera que se olvidara a Margarita Queirolo, Directora por varios años y conocedora de todos y cada uno de los numerosos alumnos que tanto nos enriqueció
    Pero tal vez lo más encomiable de la Escuela fue que ante todo se enseñaba A PENSAR, DEDUCIR E INFERIR sin distinción de la capacidad del educando
    La Escuela es una parte de mi propio ser y de mis compañeros Nadie puede olvidarla

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