No resulta sencillo retroceder un siglo atrás y tratar de imaginar la incertidumbre que se vivía con la aparición de un virus que mataba mucha gente. Se afirma que fue causado por un brote de influenza virus A, del subtipo H1N1. Sus víctimas principales fueron jóvenes y adultos saludables entre 20 y 40 años, una franja de edad que probablemente no estuvo expuesta al virus durante su niñez y no contaba con inmunidad natural.
Lo real es que resultó tremenda la pandemia de hace un siglo atrás, especialmente cuando la comunicación poco tenía que ver con la que tenemos en el 2020. Hace un siglo y todavía hay dudas sobre la mal llamada Gripe Española nombre adquirido debido a que se conoció su existencia en ese país que no significa que se inició en España. Mató a casi 50 millones de habitantes y con la misma fuerza que se presentó en 1918 en el 2020 desapareció de un día para el otro.

El origen no se asegura totalmente hay varias opiniones, algunos investigadores afirman que empezó en Francia en 1916 o en China en 1917, muchos estudios sitúan los primeros casos en la base militar de Fort Riley (EE.UU.) el 4 de marzo de 1918.
Tras registrarse los primeros casos en Europa la gripe pasó a España. Un país neutral en la I Guerra Mundial que no censuró la publicación de los informes sobre la enfermedad y sus consecuencias a diferencia de los otros países centrados en el conflicto bélico.
Ser el único país que se hizo eco del problema provocó que la epidemia se conociese como la Gripe Española. Y a pesar de no ser el epicentro, España fue uno de los más afectados con 8 millones de personas infectadas y 300.000 personas fallecidas.
Los síntomas eran fiebre elevada, dolor de oídos, cansancio corporal, diarreas y vómitos ocasionales eran propios de esta enfermedad. La mayoría de las personas que fallecieron durante la pandemia sucumbieron a una neumonía bacteriana secundaria, ya que no había antibióticos disponibles.


