Por Mario Morosini
Fue un descontrol lo que sucedió el pasado lunes 24 en Orinoco casi Amazonas en pleno barrio Malvín. ¿Culpables? Y seguramente si nos ponemos a hilar fino vamos a encontrar varias puntas. Y para todos los gustos. Hay quien le pegará a la policía. Otros al alcalde. Algunos a los comerciantes que apoyaron la movida. Y seguramente a la juventud.
Nosotros tenemos otra manera de enfocar el tema. La situación de violencia en primerísimo lugar no es propiedad de la sociedad uruguaya, tampoco de estas movidas y menos del fútbol o del básquetbol.
La violencia tiene otros ingredientes producto, desde nuestro modesto punto de vista, de un mundo que privilegia valores diferentes. Si es que se pueden llamar valores. Hoy se vive el momento. Los medios de comunicación juegan a eso. Juegan a tener lo mejor, al consumismo, hacé la tuya, a mostrar situaciones de violencia en el mundo, en la región o a nivel local, la juventud vive el momento, también en el amor.
Vino bárbaro para los medios en un momento que hay pocas noticias el tsunami en Indonesia. Se puede hablar de los 500 muertos y varios de cientos de desaparecidos. Y así vamos. Con un fenómeno también nuevo como las redes sociales. Nadie dice que no se difundan esas noticias, sí criticamos el morbo que las adornan.
En una palabra tampoco afirmamos que premeditadamente se elabore, ni tampoco acusamos o señalamos como culpables a los medios, pero sí la forma de exaltar la violencia. El desprecio por la vida, aunque luego de producido el episodio los mismos medios se hagan eco de los lamentos.
No es para nosotros analizar en profundidad lo que está sucediendo en las sociedades del mundo, pero podemos afirmar que la “violencia está en nosotros”, lo vemos incluso en situaciones menores, como por ejemplo en el tránsito y en forma diaria.
¿Qué pasó?
De alguna manera fuimos testigos de lo que iba a pasar. Una diligencia personal nos llevó a transitar por la calle Orinoco a las 11 de la mañana. Nuestra primera sorpresa fue encontrarnos frente a un comercio en Orinoco entre Michigan y Estrázulas con una piscina grande que ocupaba más de media calzada. Tuvimos que pasar muy justos. Entre otras cosas porque había niños divirtiéndose en la piscina. Pensamos al pasar ¿y cuando empiece la movida que ya se hizo tradicional en Orinoco cómo impedirán que los mayores con alguna copa de más se introduzcan en la misma?. Seguimos andando y en las dos siguientes cuadras, hasta cruzar Amazonas, veíamos grupos de jóvenes como esperando algo. No sabíamos qué. En la noche nos enteramos que se había llamado a la movida por las redes sociales. Algunos ya estaban con bebida. Eran de 15 a 25 años la edad de los “invitados”
Luego la cantidad de jóvenes se hizo multitud, especialmente casi Amazonas, enfrente a un pequeñísimo local que apunta a un nuevo pub pero casi no tiene frente a la calle. Se puso una tarima. Se contrató un disc jockey y empezó el relajo. Tanto hubo que en un comercio de Orinoco y Michigan se encontró a una pareja en uno de los baños teniendo relaciones sexuales. O sea pasó de todo.
En un momento entre tanta insensatez y cuando el alcohol ya había jugado su papel, pusieron el himno de Peñarol y luego el de Nacional. Genial. Más sal al asado no se podía agregar.
Luego lo que pasó lo vio todo el mundo por tv porque la noticia era esa y no la fiestas hermosa que vivieron cientos de miles de familias en la noche del 24. Lo que importa es, para el mundo moderno, la violencia y en Malvín se la sirvieron en bandeja.
¿Culpables?. Hasta nosotros por ahí tenemos una cuota de culpa. Pasamos tres horas antes y pensamos que iban a existir problemas, pero seguimos enfrascados en nuestra vida, pensando en que a los nietos Papá Noel les tendría que dejar un regalito.

