Hoy 22 de septiembre se conmemora en Uruguay el “Día del Maestro”.
Es bueno en este día tan especial, reafirmar los principios básicos de la educación nacional, con los preceptos de José Pedro Varela, quien se transformó en el motor de una nueva sociedad más democrática al construir una escuela pública, laica, gratuita y obligatoria.
Seguramente cada uno de los lectores recordará con cariño a alguno o alguna de los maestros que los ayudó a aprender a leer, escribir, sumar. Es posible que a alguno lo recuerde con más cariño que a otros, pero nos jugamos porque todos tenemos un dejo de nostalgia de aquellos años vividos en el aula de la escuela.
Podía ser rezongona. No siempre estaba de buen humor, pero siempre buscaba sacar lo mejor de cada uno de nosotros, sus alumnos, que no eran 4 o 5, sino que pasaban con frecuencia los 30 y no era sencillo armonizar una clase y que además se logre centrar la atención adecuada para poner los primeros ladrillos del conocimiento.
Cada maestro se sentirá gratificado y feliz hoy, simplemente si se les recuerda. Son esos habitantes de nuestras vidas a quienes siempre les debemos estar profundamente agradecidos, por la forma en que nos prepararon para recibir años más duros, sin tanto jolgorio. Aprender, cuando teníamos túnica blanca, era como parte de un juego, casi sin darnos cuenta que estaba ese docente, poniendo pilares tan sólidos como los que surgen del propio hogar.
Muchas gracias, maestras y maestros
