Por Héctor López (Tito)
(Redacción de VECINOS: el autor, Tito López, un profundo conocedor de la zona de Punta Gorda nos decía que “ a pesar que consulté a Hidrografía, Archivo Nacional, Intendencia, Marina Nacional, nadie me pudo dar datos” del antiguo muelle)
A fines del siglo 19 y principios del 20 Punta Gorda poseía una sorprendente actividad agrícola e industrial, que no condice con su actual carácter residencial. Es que en aquel lugar de dunas y barrancas, salpicado de lagunas y montes de eucaliptos pinos y acacias; se pescaba, se cultivaba la vid, trigo y maíz cuyos granos se molían en el Molino de Pérez.

También se extraía arena de sus dunas y gran cantidad de piedra de varias canteras ubicadas en su territorio.
Punta Gorda poseía un muelle, que formaba parte de una de las iniciales industrias que se desarrollaron en Montevideo, la extracción y exportación de piedra.
Desde ese muelle se embarcó hacia Montevideo y Buenos Aires, buena parte del mineral obtenido de las canteras ubicadas en las cercanías del Molino de Pérez y de las mismas barrancas de Punta Gorda que hoy conforman el Parque Virgilio – Plaza de La Armada.
El embarcadero se adentraba al mar desde la pedregosa costa oeste del promontorio, a pocos metros del lugar donde su pétrea extremidad mantiene con el mar, su antigua relación de violencia y calma.
Desde la escalera ubicada frente al Parque Virgilio se aprecian los restos de lo que fuera su robusta construcción a saber, un bloque de piedras y argamasa que todavía enfrenta los embates del mar. Desde él se ven clavadas en las rocas, una serie de espigas de hierro que servían para asegurar los gruesos puntales de madera del muelle. Estos se asentaban en huecos tallados en las piedras, cuya huella es visible cuando baja la marea. Sobre aquellos puntales se extendía una amplia plataforma de madera, que se acercaba a la actual Rambla. Parte de la prolija estructura en piedra, que la soportaba y se extendía hasta la cabecera del muelle, aun se ve semienterrada cerca del muro de contención de la Rambla y mezclada con las piedras circundantes.

Dando fe de la capacidad operativa del embarcadero, se cuenta que regularmente llegaba al muelle un yate, del que descendía una importante figura del gobierno argentino de la época.
Mientras el jerarca se alejaba en un vehículo que le aguardaba, la embarcación hacía rumbo al Puerto del Buceo donde permanecía a la orden.
La decadencia de la industria y la construcción de uno de los primeros emisores de saneamiento en Punta Gorda en el año 1928, terminaron destruyendo la obra.
