Por Juan Raúl Ferreira (nota de Fe Resistencia)
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Ayer regresé a casa, tras algo más de un mes de internación por cirugía y su recuperación. Extrañaba mucho. Me siento bien y contento y ya el lunes comienzo 100% una vida normal, totalmente recuperado.
Entrar a casa, ver mis cosas, superó en todo la excelente atención que recibí y que agradezco desde el fondo del alma. Pero me trajo enseguida el recuerdo del Rev. Oscar Bolioli, fallecido durante mi internación y a cuyo funeral asistí a distancia. La última vez que salí de casa hasta hoy, fue para verlo.
En efecto, Nicolás Schneider, estaba aún en preparativos de la casi culminada documental sobre las Iglesias en tiempos de dictadura. Yo no tenía margen en mi agenda. Me internaba. Para esa misma, mañana, pues, Nicolás arregló en el templo mayor Metodista, frente al Gaucho, una mesa apara ser filmada en la que estuvimos Oscar, Belela y yo. Más de una vez narraba yo algo de Oscar y él decía «pero la idea fue de Juan Raúl». Yo creo que, en casi ninguno de los casos, fue así, pero su humildad natural, condición casi exclusiva de los grandes, hacía que se sintiera incómodo cuando se le reconocía algo.
Terminada la filmación nos despedimos como siempre. Yo fui a internarme y Oscar llevó a otra grande (Belela) a su hogar. Nadie podrá imaginarse que no nos veríamos más. Pocos días después Nico Schneider me llama a avisarme que había muerto. Yo seguía internado.
No veo la hora de ver la película, y doy Gracias de haber sido testigo de lo que nadie imaginaba iba a ser su despedida final. Su legado. Conversamos los tres frente a Cámaras. Fundamentalmente se habló del desexilio. Oscar fue protagonista de hechos que forman parte de una historia hasta ahora nunca relatada. La visita de los hijos de exiliados a conocer a sus familias. Acá entre tantos, con el apoyo de AEBU, y una Comisión que entre otros seres queridos, estaba mi hermana Silvia, Víctor Vaillant, Mariela Fernández y muchos otros. En el exterior Oscar armaba, ayudaba a conseguir financiación, oraba.
Luego vino el retorno del exilio, antes, durante y después del cuál, el tema fue un objetivo fundamental en la vida de Oscar. Desde ayudar a que vuelvan, a trabajar por su inserción en la sociedad. Un Primer encuentro entre figuras del exilio y líderes de la resistencia dentro del país fue en un convento en Argentina al retorno de la democracia en aquel país. Allí conocí entre otros a mi buen amigo Jun Pedro Ciganda y muchos de los fundadores del por entonces emergente PIT.
Iba mucho por su casa. Creo que la última vez fue cuando invadimos el hogar que había construido con su querida Stella, para hacer un asado, casi sin permiso porque nos interesaba su opinión sobre algunas ideas que teníamos en la cabeza.
Pero la lucha por los Derechos Humanos de Oscar había empezado con su vida misma y su vocación de servicio y religiosa. Fue por eso que tras la injusta partida del Pastor Castro él algo después debió seguir sus pasos. Aunque de tanto en tanto volvía. Aunque fuera para a mojarle las orejas al régimen, volvía cada tanto a visitar amigos y familiares.
El Pastor Castro, como en gran medida Bolioli, forma parte de la lista de uruguayos que son sumamente reconocidos en el mundo, mientras que en su propio hogar, solamente por los que se mueven en su mismo ámbito. En aquellos años su injusto exilio llegó a ocupar muchos años la Secretaría General del Consejo Mundial de Iglesias, con sede en Ginebra. Así, también uruguayo, Oscar fue designado Director de América Latina del Consejo Nacional de Iglesias de EEUU. Apenas llegó viajé de Washington donde vivía a su oficina en Nueva York. (475 Riverside Drive NY), si mi memoria no me falla.
La llegada de Oscar había cambiado mi vida desde antes de conocerlo. Yo trabajaba en la WOLA, auspiciada por el Consejo de Iglesias (o sea Oscar sería uno de mis nuevos Jefes), la Liga Anti difamatoria de la B´nai Brith, y La Conferencia Católica. En el medio que yo me movía, no había tantos uruguayos. La colonia importante de exiliados, más cercana era en México.
Pero no contaba con algo más importante que todo lo que pensaba, antes de verlo, era lo que cambiaría mi vida. Solo falta conocerle para darme cuenta. Nos hicimos amigos. Y fue desde entonces amigo en las buenas y en las malas. Bah, amigo.
A veces, que increíble, él se iba a Washington los fines de semana para encontrarnos. Nuestra amistad se alimentó con el afecto común con el Rev. Joe Eldridge, metodista como Oscar y Director de la WOLA. Una suerte de hermano mayor de la vida. Desde el regreso al Uruguay cada vez que Joe ha venido lo primero que me pide Joe es pasar por lo de Oscar y Stella.
Estas visitas estaban cargadas de afecto y contenido. Recuerdo, el derrocamiento de Zelaya en Honduras, las polacas de Obama hacia la región, la venida de Julissa Reynoso a Uruguay, siempre los encuentros de Oscar y Joe eran una oportunidad que, aunque me cuesta, me quedara callado, oyera y aprendiera.
Desde el Sanatorio, compartíamos el dolor de la partida por celular con Joe Eldridge (1) desde EEUU, y acá, con su familia, Nicolás, Mario Cayota, el Cardenal Sturla.
En su momento Oscar me había invitado a hablar en su Iglesia cuando los 80 años de Emilio Castro y en su funeral. No podía dejar de estar. Pero recién me habían operado. La Iglesia Metodista cerca de la cual he crecido tanto desde mi juventud, me permitió estar presente a distancia con una grabación desde el lecho de enfermo.
Regresar a casa quería decir necesariamente, recordar que la última vez que salí de ella, fue para encontrarme con Oscar. Hoy me encuentro con él en mis recuerdos.
(1) El viernes la familia de María, esposa de Joe ha sufrido un pérdida tremenda, la muerte de un hermano, el último de tres en irse, con su mamá viva. Oscar donde esté mediará para mitigar su dolor.
