Héctor Tito López
A través del ventanal de su oficina, ubicada en una de las torres que opresivamente cercan la costa, el Técnico, columbra el tránsito fluido y veloz, que circula por la Rambla montevideana.
Su escéptico rostro, característica común a los integrantes de la organización que le empleaba, no traslucía su satisfacción ante la cercana finalización de su tarea.
Mientras morosamente saboreaba un café, fue recapitulando el trabajo que realizara durante los últimos días.
Ciertamente cuando desde la organización internacional, especializada en reunir información de hechos inexplicables que le empleaba, se le encomendó realizar esta extraña investigación, pensó que los fundamentos de la misma eran totalmente irreales.
Se trataba de indagar por qué los automóviles de cualquier marca, procedencia y antigüedad, de una amable ciudad de un pequeño y tranquilo país, eran capaces de influir en la población de forma tal, que todos rendían sus derechos y libertades ante ellos.
Dejando de lado sus prevenciones comenzó su labor informándose, observando y dialogando con múltiples integrantes de la población y de las autoridades implicadas.
Los medios de comunicación y varios archivos históricos, también fueron consultados.
A medida que sintetizaba la información que recibía, le fue ganando la sorpresa al comprobar la certeza que inquietaba a sus superiores, dado que:
Calculando que los que utilizan automóviles particulares son la minoría de la población y que el ochenta por ciento de ellos, pasan a ser simples peatones al estacionarlos para dedicarse a sus tareas, le llenaba de asombro la jerarquía que en general se les atribuía a los automóviles. De hecho han desarrollado la ciudad para ellos, utilizando ingente cantidad de dinero para construir calles y avenidas, para facilitar su circulación y seguridad. No dejó de observar que cuando las calles se rompían, las reparan con bastante prontitud, en tanto que las aceras peatonales, permanecen larguísimo tiempo rotas, aun en lugares muy frecuentados. En una ciudad donde se promociona la accesibilidad, el estado lamentable de las veredas es un atentado a tal idea.
También encontró que se cuenta con una importante cantidad de reglas y normativas para controlar el tránsito vehicular, pero aquí es donde más se manifiesta el extraño influjo de los rodados. Todas las reglas son absolutamente desobedecidas, ignoradas o descartadas. Ejemplo de ello fue la publicitada decisión de multar los estacionamientos en las aceras, norma existente desde larga data, que causó mucho revuelo y que al tiempo se diluyó sin mayores consecuencias.
Si bien los peatones ven limitados el uso de las calzadas, so pena de pagar con lesiones o muerte la omisión de la normativa, los vehículos en cambio, invaden a placer aceras, parques, playas y cuanto lugar les sirva para aparcar.
Además, a pesar que el novel Intendente se declaró partidario de la bicicleta, los vehículos las siguen empujado a las aceras, complicando aún más a los sufridos peatones. Asimismo como enemigos acérrimos de las motocicletas a las que no pueden desplazar a las aceras, sencillamente les pasan por arriba, quejándose de la inconciencia de los motociclistas.
La velocidad con la que se desplazan los vehículos, es incluso a veces justificada por los que ni siquiera los poseen, aduciendo que ellos no están diseñados para andar a baja velocidad, olvidando que los mismos modelos en otros países no tienen ningún problema para hacerlo.—¿Otra vez el embrujo? –se preguntó el Técnico.
Cada tanto surge por allí el amague de poner coto al desorden, pero solo es un espejismo publicitario pues a poco, se deja de fiscalizar y todo vuelve a su normalidad a la normalidad de los automóviles claro.
El Técnico no pudo evitar una carcajada, al recordar una reciente decisión de las autoridades, que luego de años de amenazar, por fin colocaron un importante número de radares cámara, para controlar la velocidad de los vehículos. La risa se debía a que seguramente afectados por el hechizo, les comunicaron exhaustivamente a los choferes donde estaban ubicadas. Fantástica medida, era como decir –Frente a las cámaras pórtense bien, en el resto de la ciudad hagan lo que quieran. Volvió a reír al imaginar a la policía avisando que lugares vigilaba.
Comprobó que embrujo llega a las más altas esferas, desde siempre las autoridades municipales afirmaron su disposición a priorizar el transporte público sobre el particular. Esto supondría mejorar frecuencias, recorridos y atención en el transporte público. Sin embargo el Técnico no dejó de notar que en la realidad sucede todo lo contrario.
Por ejemplo la Rambla Costanera desde Hipólito Irigoyen al Puente sobre el arroyo Carrasco fue realizada a gran costo, solo en beneficio del transporte particular ya que solo una línea diferencial, costosa y que no combina con otras, la utiliza parcialmente.
Razonó que si se quiere desalentar el transporte particular lo primero que suele hacerse es mejorar y mucho, el transporte público. A un país sin petróleo le convendría subsidiar aún más el boleto, ya que el ahorro de divisas en la compra de petróleo cubriría con creces esa inversión. Sin embargo de pique, el Intendente lo primero que puso en marcha es un moderno sistema de movilidad, que no es precisamente algo prioritario para el usuario del transporte público.
Justamente ese transporte que se anunciaba mejorar, cayó a pique al cerrar una de las empresas y hoy con menos autobuses, las restantes, se dividen el pasaje con menos costo y más insatisfacción de los usuarios.
Pero todavía hay más, para asombro del Técnico se anunció en apoyo de la movilidad de los vehículos, un reajuste de las velocidades en la ciudad y desde Hipólito Irigoyen al puente se fijó en 70 k/h aislando literalmente las playas de la gente. No pudo menos que razonar que solo podrán utilizarlas, aquellos que estén en muy buen estado físico, para cruzar la Rambla. Que ocurrirá si se concurre con niños. Ni hablar de personas mayores o con capacidad diferente, por qué no hay cruce seguro, salvo en un pocos puntos muy alejados entre sí.
Se le hizo evidente que la División Tránsito y Transporte, olvidando que en el tránsito intervienen tanto vehículos como personas, se ocupa prioritariamente de la circulación vehicular, desatendiendo totalmente a los peatones.
Recientemente desde la División se festejó la reducción a la mitad de los accidentes de tránsito, atribuyéndolos a la presencia de las publicitadas cámaras.
Y aquí de nuevo el embrujo, ya que el jerarca tranquiliza a los usuarios al anunciarles que no se colocarán más cámaras y que solo se mantendrán las actuales, en los lugares ya dados a conocer. En otro lugar esto daría risa pensó el Técnico
Si dieron tan buen resultados lo lógico es de aquí en más colocarlas en lugares aleatorios para un cabal cumplimiento de la norma en toda la ciudad.
Se preguntó –donde queda la pretendida apropiación de su ciudad por los vecinos, tan anunciada por las autoridades, si los vehículos son los que dominan en ella. Recordando al respecto, un ejemplo en el reciente Foro del Cambio Climático, donde el representante de Colombia presentó el trabajo realizado en la ciudad de Medellín “La Ciudad de Las Flores” a la cual el exceso vehicular, había arruinado tanto en lo visual como en la contaminación atmosférica. El plan explicaba la exitosa tarea de recuperar la ciudad para la gente, con un eficiente transporte colectivo, desalentando efectivamente el uso del auto particular. Rescatando parques y jardines públicos fomentando lo mismo en predios privados, logrando a esa fecha recuperar el título que ostentara otrora.
En cambio aquí las autoridades no asumen que la ciudad es de la gente y que deben trabajar para que esta la disfrute plenamente.
Ahora bien reflexionó: realmente existe una extraña conjunción, entre el aire de esta ciudad y la máquina, que afecta a su población y no la deja reclamar el derecho a disfrutar de ella, o lo que sería peor: que sus habitantes ya no luchen por ello, como si la indiferencia burocrática que les aqueja les hubiera ganado la partida.
