Por Pompidio
Todos los días aparece algo chico y una vez por mes, algo grande. Claro, cuando aparece el grande, el que está relacionado con la política, pierde fuerza ante la noticia del estafador que no tiene vínculos políticos. Así es nuestra sociedad, o como decía mi tía Eulogia: “es nuestra sociedad pacata” y se tomaba con sus 80 añitos, tres cañitas de un saque.
Lo cierto que Francisquito, se le está esperando en el Aeropuerto Internacional de Carrasco, si es que estaba a dos horas de Montevideo. No dijo en qué transporte se tomó las de Villadiego, luego de estar operando varios días con sus contactos, arreglando entuertos, y ajustando detalles de su huída.
Porque si se fue en bicicleta por la frontera, seguro que con este calor, no debe estar más allá de la ciudad de Pelotas, luego de dejar en pelotas a una cantidad de gente, que sabiendo o no, que no podían operar con él, igual, por hacer un pesito más, le confiaron el dinero.
Lo cierto, es que poco importa donde está Francisquito. Lo interesante es saber qué pasó en todos estos años, donde el creador del Cambio Nelson, cuando la política le sonreía, armó todo un negocio,supuestamente lícito, aunque su “nene” afirma que terminó heredando, haciéndose cargo de millonarias deudas, aunque sin perder el gusto por la compra de autos de alta gama.
Este Uruguay da para todo.
Lo opacaron
Y claro, lo de Francisquito irá perdiendo fuerza. Ya la perdió en los medios. Compromete incluso muchos que pusieron la plata en el Cambio Nelson sabiendo que eso estaba fuera de la ley.
Y aparecieron otros estafadores. Estos no son de cuello blanco.
La estafa se descubrió mediante un procedimiento policial que buscaba, en primer lugar, desarticular una banda que estafaba a un banco privado simulando depositar dinero en las buzoneras, cuando en realidad colocaba los sobres vacíos. La investigación empezó a principios de enero, y un mes y medio después la jueza penal Julia Staricco procesó a un hombre de 23 años y a dos personas más, que a su vez confesaron que ofrecían a personas de distintas zonas de Montevideo afiliarse a mutualistas, inscribiéndolas como trabajadores de empresas “fantasma” que figuraban en el BPS como reales y afiliándolas luego al Fonasa.
La estafa funcionaba de la siguiente manera: una mutualista contrataba a una empresa que se encargaba de promocionar sus servicios, lo cual es legal. El prestador pagaba una determinada suma de dinero por cada nuevo afiliado. Sin embargo, esa promotora era de los estafadores, que ofrecían el servicio del centro de salud a personas que estaban desempleadas y los inscribían en empresas falsas. Fuentes del caso indicaron a El Observador que por aceptar firmar un formulario para quedar inscriptos, se les ofrecía $ 500. Ante la jueza Staricco y la fiscal Mónica Ferrero algunos de los «afiliados» declararon que con ese dinero «comían por dos días».
En otros casos, ni siquiera les pagaban porque los recaudadores les informaban que había habido un problema con su solicitud y no podían afiliarlos, pero aprovechaban para quedarse con su cédula de identidad y utilizarla para las empresas fantasma.
Era común que los promotores fueran a asentamientos con megáfonos a anunciar la oferta de un centro de salud y, en minutos, se formaba una fila de interesados. Los reclutadores eran contratados por los estafadores y les pagaban entre $ 1.500 y $ 2.000 por cada nuevo afiliado. Esa suma salía del dinero que la mutualista le pagaba a la promotora. La Policía confirmó que en febrero de 2016 –en plena apertura del corralito mutual– uno de los recaudadores ganó US$ 80 mil.
Sumada a la confesión del joven de 23 años, otra situación confirmó la maniobra. Cuando un hombre estaba por firmar un contrato para un nuevo trabajo, la empresa le notificó que no podía empezar a trabajar porque figuraba como que había sido despedido por notoria mala conducta en su trabajo anterior.
El hombre negó esa información: nunca había trabajado en Uruguay. Pero recordó que, tiempo atrás, había firmado un formulario por el quedó inscripto a una mutualista de Montevideo a pesar de no aportar Fonasa. Fue a ese centro de salud y denunció lo sucedido.
