Por Pompidio
No sabemos ni nos interesa el por qué se informa en algunos medios de distinta manera. Si es error, si existe alguna intencionalidad, no somos quienes para abrir juicio sobre los episodios que se vuelcan en titulares, noticias que luego circulan en las radios, la tv, durante las 24 horas, invadiendo los hogares de Juan, José y María. Obviamente que tenemos nuestra firme convicción y por supuesto entendemos el significado de esa forma de titular. Pero es el propio lector quien hará su análisis. No seremos nosotros quienes, en esta oportunidad, daremos opinión.
Lo que sí queremos subrayar son algunos episodios periodísticos, que van más allá de nuestra capacidad de interpretación de simples ciudadanos como lo somos.
Un matutino titulaba:
Turista argentino se queja de la inseguridad en el Este.
Así se despachó un matutino. Hacía 24 horas, incluso en conferencia de Prensa, las autoridades del Ministerio de Turismo, trasladaban a la población el éxito de la temporada turística, pero además el importante crecimiento de visitantes durante todo el año 2016, el aumento de los ingresos económicos producto de ese turismo, la cantidad de puestos de trabajo que se crean, una serie de noticias que le vienen bien al alma de los uruguayos. Reconfortan. Y además la demostración, una vez más, del alto grado de profesionalismo que se está desarrollando a través del turismo y los beneficios que tenemos como resultante los uruguayos, el país todo.
¡Cortá con tanta dulzura!
¿Cuál es el sentido del mensaje de dicho título en el matutino? Decíamos que lo dejamos para que lo define el propio lector. A nosotros por lo menos nos resulta triste este enfoque, hacerle reportaje a un turista argentino (debe haber cientos de miles que la pasaron muy bien), y que dicho turista argentino vivió un momento desagradable, como le ocurre muchas veces a la señora que con su carterita va al almacén de la esquina a hacer una compra. Y no debe haber sido el único (ni el último) turista robado si tenemos en cuenta la gran cantidad de visitantes que venimos teniendo.
Pero es un mensaje hasta arriesgado. Seguramente llega al exterior. Quien lea la nota, la idea a priori es que vivimos o vive el visitante peripecias tan fuertes que le impide salir a la calle, en conclusión: podrían dejan de visitarnos. Por lo tanto, se reduciría el turismo, afectaría la economía, se perderían puestos de trabajo. Alguien puede decir que estamos exagerando. Es cierto, como también tenemos derecho a analizar “esta forma de bailar” que no es bailar, en todo caso sería con la más fea, sino que es la forma de informar.
Hace 15 años atrás, de visita en Madrid, a la salida de la estación de Atocha, mi esposa me advierte que un eslavo me estaba tratando de meter la mano (punguista) en el bolsillo del pantalón. Estaba secundado por otros tres y al defendernos, se generó un momento de tensión, que determinó que nos metiéramos en un taxi estacionado a pocos metros, desechando en ese momento la intención de irnos caminando. Recuerdo que el chofer, que había visto la acción, nos dijo: “está lleno de estos”. Y en el mes que estuvimos, recorriendo 7 ciudades de España, observamos un procedimiento policial a pocos metros de donde nos encontrábamos merendando. Nada del otro mundo.
Como periodista que soy, no se nos pasó por la cabeza llegar a Montevideo o enviarle a quienes se quedaron a cargo de este medio de comunicación que titulen: “No se puede ir a España, salís a la calle y te quieren robar”
Cada uno es libre de hacer lo que quiera y para eso se dice que tenemos libertad de prensa. La pregunta que nos hacemos, no por este episodio, sino por titulares que aparecen y se propagan todos los días ¿qué entendemos por libertad de prensa?
Confesamos tener una gran confusión. Seguramente el lector, que es mucho más capaz que nosotros, y que no está sumido en esta búsqueda de noticias, tendrá una respuesta. Nosotros no la tenemos.
Por ahí quienes equivocamos los métodos de desarrollar el periodismo somos nosotros. Es posible. Pero preferimos seguir equivocándonos.
