Por Pompidio
“Vamos a ir hasta las últimas consecuencias para defender a los hinchas de Peñarol en todo el mundo”, esa fue una de las tantas frases desafortunadas -hoy por hoy- del presidente de Peñarol, que realizó, junto a sus compañeros de directiva y la presencia del plantel de Peñarol, que pensamos debería haber tenido otra actitud, aunque es evidente que es un plantel sin referentes de cierto peso, como para definir por si solos el no involucrarse en explicaciones que para la mayoría de los uruguayos, es de esperar, se consideren inoportunas.
Se agarraron a que lo del domingo fue una asonada, como que si el pasado no existiera. Se olvida el presidente de Peñarol, por qué se dio en la tribuna Ámsterdam y la llamada “barra brava” y no ocurrió lo mismo con otras hinchadas, incluso la de Nacional, la cual tampoco está integrada por angelitos. Sin ir más lejos, los enfermos que fueron a la plaza de Santa Lucía y terminaron matando a un joven e hiriendo a otros dos y otro episodio negativo de Nacional, que debería tener sanciones, es el cartel de apoyo de una parte de su parcialidad dando su voz de aliento a quienes están presos por asesinato. Son dos perlas imposibles de dejar pasar por alto.
No es lo del domingo que tiene que explicar Damiani y su compañeros de directiva. A la sociedad le deberían explicar por qué se fue armando todo ese “combo” durante tanto tiempo, ya que lo del domingo no es un episodio aislado, sino que es un proceso que fue cada vez siendo más evidente y que pocos sabemos el por qué se les ocurrió la semana previa al clásico, a esos hinchas a solicitar 400 entradasprimero a la directiva y luego al plantel de futbolistas, ambos reclamos, les fueron negados a ese grupo que se denomina hinchas y en realidad con sus actitudes demuestran que poco les importa Peñarol.
Porque no fue un pedido, fue un reclamo.
Y lo del domingo, lo esperaban los cuadros policiales y todos los protagonistas sabían del enojo de las diversas barras bravas de Peñarol que se disputan el poder de la tribuna Ámsterdam.
Obviamente que sería imprudente de nuestra parte culpar a Peñarol, casi en exclusividad. Pero acá no hay inocentes. Las responsabilidades de haber llegado a esta situación tiene varias puntas.
Lo sensato hubiese sido reconocer que tocamos fondo. Y nos incluimos, porque esta situación la deberíamos evaluar todos los que nos gusta el fútbol, que participamos aunque sea como simples espectadores de este deporte. O sea que alguna culpa también tenemos. Muchas veces una expresión inadecuada, un título poco afortunado, genera una chispa de violencia.
Y la directiva de Peñarol, seguramente sin meditarlo mucho, en vez de dejar pasar las horas, optó por salir a los medios.
Por ejemplo se dijo que si no se tienen todas las garantías, Peñarol no jugaría en el 2017. Y parece que Peñarol y sus dirigentes, creen que porque Peñarol no se presente a jugar en el 2017, ¿a los uruguayos nos deja de gustar el fútbol, y masivamente nos vamos a dedicar al golf, a patinar en la rambla, o salir de cabalgata los fines de semana, en vez de ir a un partido de fútbol?
Y nosotros le aconsejaríamos a los dirigentes aurinegros, que mediten un poco más, evalúen con tranquilidad lo que está sucediendo y seguramente, como personas inteligentes que son, encontrarán el camino.
Por ejemplo, dejar de jugar este torneo, que a esta altura es una pesadilla para Peñarol, faltan nada más que dos fechas, y tomarse este tiempo de casi dos meses, para encarar con sensatez el año que viene, porque entre otras cosas, su hinchada, enorme por cierto, y en un 95% o más, civilizada, pasional como cualquier hinchada pero alejada de la violencia, se merece tener un equipo competitivo, jugar en su estadio y que la gente no tenga miedo de ir a un baño porque puede ser asaltado, o concurrir al Centenario y disfrutar de la tribuna Ámsterdam en familia como se hacía décadas atrás, o mismo ir de visita a jugar en la cancha de un barrio y que las estaciones de servicio y comercios no deban cerrar sus puertas por miedo a ser desvalijados. Y ojo que esto también va para Nacional y pueden también otras instituciones caer en los mismos defectos.
Y esa sensatez que le pedimos a los dirigentes de Peñarol, que realizaron ayer la conferencia de prensa, nos la exigimos también a nosotros mismos, y a todos los actores que están vinculados al fútbol.
Tenemos confianza en que se recapacite. Hay momentos que cuando se toca fondo, y ahora ocurrió eso, se recapacita, se retoma el andar y se encuentran los caminos de salida.
Todas las voces indican que están dispuestos a encontrar la solución definitiva. Y eso es bueno. En esa sintonía se debería de actuar. Terminar con diferencias, comunicados, etc. Y pensar en el futuro, en lo que debe cambiar.
Muchas veces se dice “vivimos en una sociedad violenta”. No es así. Obviamente que convivimos con más violencia. Ocurre en todas partes del mundo, hace 48 horas, un hombre entró con una cuchilla a un centro de estudios en EEUU y empezó a las puñaladas, y de esos episodios, especialmente los norteamericanos, los sufren todos los meses.
Lo real es que el fútbol, cuando se alientan esas “barras” con el propósito de encontrar un mayor apoyo o aliento, de pasar ciertos límites, puede derivar en episodios que tuvieron su punto alto el domingo pasado, pero que ya se venían repitiendo desde hace unos años.
Y no involucra por cierto solamente a Peñarol, pocos por ejemplo le dieron trascendencia al acto eleccionario en Cerro, donde el presidente electo, antes de asumir prefirió dar un paso al costado.
Por lo tanto, que termine este “especialísimo” torneo uruguayo, lo más rápido posible y empecemos el 2017, con dirigentes, futbolistas, periodistas, espectadores, con ganas de disfrutar del fútbol, con la pasión que los uruguayos le ponemos a este deporte, pero en forma civilizada. Y a las autoridades, el máximo de severidad ante cualquier manifestación, aunque parezca mínima, de violencia o mensaje violento porque deben estar en primera fila para prevenir la participación de estos pequeños grupos de antisociales. No escribiremos más sobre este tema, estamos realmente cansados de tantas reuniones, declaraciones. Simplemente ¡basta!
