Por Eme Eme
Un 6 de enero de 1987, falta un mes y medio para cumplirse 30 años, la hinchada bullanguera de Peñarol, festejó el campeonato siendo los únicos espectadores -por primera vez en la historia de nuestro fútbol- que ocuparon la tribuna Amsterdam dando inicio a un camino sin retorno. Se había empezado con episodios de violencia, que generaban preocupación. La gran mayoría eran simplemente hinchas que exteriorizaban su alegría de distintas formas, bombos, banderas, pero la cosa, poco a poco empezó a tomar otro color.
En la tribuna de enfrente, la Colombes, la parcialidad tricolor veía como habiendo logrado más puntos en el torneo, tuvo que ir a un partido final, por uno de esos acuerdos raros entre los “grandes”, donde los problemas económicos, habían determinado que Peñarol, por no presentarse a jugar en el incio del torneo, por deudas con futbolistas, perdiera dos puntos con su rival del momento. Y el acuerdo era que si al término del torneo, la ventaja no era superior a dos puntos (es lo que se adjudicaba al ganador en aquel entonces), irían a una final. Empataron en cero gol, mientras en Maroñas se corría el clásico Ramírez.
Decíamos que empataron en cero tanto y por penales Peñarol ganó 4-3, con anotaciones de Diego Aguirre, José Herrera, Eduardo Da Silva y Gustavo Matosas, quien anuló a Juan Ramón Carrasco durante casi todo el encuentro. En la última jugada, «JR» quedó mano a mano con Eduardo Pereira y por querer hacer un gol de lujo, desaprovechó la oportunidad de consagrarse campeón uruguayo.
La final con el tiempo es una anécdota, el mojón a destacar es que por primera vez, las hinchadas fueron separadas. Y vino lo que todos sabemos. Prohibiciones, más prohibiciones. No mate, no termo, no banderas grandes, no radios a pila, luego vinieron las vallas, también se empezó a estacionar lejos del Centenario, y una serie de incomodidades más.
Mientras, los muchachos de la Amsterdam, por lo menos una minoría, se dieron cuenta que ahí estaba el bollito. Y transformaron la tribuna en una boca de pasta base y otras yerbas, semiprostíbulo debajo de las banderas, mientras los dirigentes, algunos no todos, repartían entradas, unos por “macanudos”, otros por miedo y así se armó este “combo” que daría la sensación que obliga al clásico del domingo a no habilitar la tribuna Olímpica, la que alberga más gente. Y la fiesta queda atrás definitivamente. Unos pocos audaces irán.
Garantías no hay, sin duda. De lo contrario no se estarían haciendo tantas reuniones.
¿Buscamos culpables? Nos parece inoportuno. Creemos que se debería terminar este torneo a como de lugar y encarar con responsabilidad este tipo de espectáculos para el futuro.
La policía tiene que actuar. Adentro, afuera, o donde sea, tiene que poner fin a las tropelías de unos pocos. Leyes deben existir. Fuertes, contundentes, con los malos “hinchas” que de hinchas no tienen nada y si de delincuentes, y también con los malos dirigentes.
Utilizar mecanismos de todo tipo. Prevención y también si así fuese necesario: represión. Leyes, que si hay que modificarlas, los legisladores ya tendrían que tratarlas, en forma urgente. Y la policía. No puede ser que ante situaciones de delito no actúe. Si reconocen que se vende droga, terminar con ese tema, si aceptan que hay prostitución en una tribuna actuar en consecuencia. Si saben que hay dirigentes que alientan estas barras de pequeños patoteros, y aprendices de mafiosos, bueno, también deben existir mecanismos, hoy la tecnología permite detectar irregularidades en ese sentido.
La población, el ciudadano, el que gusta del fútbol, no puede seguir escuchando tanto argumento que termina siendo insultante, porque decir que no se puede hacer nada, o que es complejo de combatir, en una tribuna, o dos tribunas, donde no hay escape posible, si se actúa con responsabilidad todo se termina. No puede ser que 50, 100 o 200 imbéciles, alteren vida y el disfrute civilizada de la gran mayoría de los aficionados.
Entonces señores de la policía, empezando por el Ministerio, por lo menos tengan respeto hacia los ciudadanos , porque no somos burros para que se nos argumente como a niños pequeños, a los cuales es bueno aclarar, tampoco es necesario darles argumentos sin peso.
El argumento que es un espectáculo privado no sirve. Y si en el Teatro Solis, donde no existe tampoco policía, si mañana un grupo de espectadores, empieza a utilizar la galería del teatro, para la venta de droga, la prostitución, insultar a los actores cuando salen a escena o tirarle con huevos a los mismos, seguramente la policía actuará con la severidad que corresponde porque el primero en llamar a la autoridad para terminar con esos revoltosos, será el propio director del Teatro Solís.
Así que ese argumento, lo decimos con el máximo de los respetos que nos merece la actual conducción ministerial, que ha tenido enormes aciertos, en este rubro del fútbol, están fallando feo.
