Montevideo elegida sede del XVIII Encuentro Iberoamericano de Cementerios Patrimoniales

Tendrá lugar el encuentro en el correr del año 2017. En el encuentro iberoamericano de Valoración y Gestión de Cementerios Patrimoniales realizado en Lima (Perú), sobre Patrimonio Funerario, rutas e itinerarios turísticos, participaron 14 países, 400 personas y se presentaron 180 ponencias.

La revalorización patrimonial de los cementerios ha tomado fuerza en América Latina en los últimos años, vinculándolos con la historia, la cultura, el patrimonio arquitectónico y artístico, y también al desarrollo de nuevos circuitos turísticos atractivos tanto para visitantes extranjeros como nacionales.

El evento, que recibirá expertos y funcionarios especializados de América, España y Portugal, a los que se suman Francia e Italia, posiciona a Montevideo como una ciudad capaz de organizar el encuentro y exponer su riqueza patrimonial de sus cementerios.

La Intendencia de Montevideo, a través de su Servicio de Necrópolis, administra el sistema de cementerios públicos y realiza la tramitación referente a inhumaciones, reducciones, cremaciones y titulación de bienes funerarios. La IM será un actor relevante del encuentro, propiciando la captación de experiencias externas, la mejora de los servicios y la vinculación con la cultura y el posible desarrollo de propuestas de turismo local que revaloricen el patrimonio de la ciudad.

Cementerio Central: un tesoro ignorado

El principal Cementerio de Montevideo tiene una larga historia, rica en elementos plásticos, tanto en su arquitectura y diseño espacial, como en las obras escultóricas que contiene. A continuación compartimos una síntesis de un texto elaborado por María Sírtori sobre una investigación realizada junto con María Postiglioni, funcionarias de la División Turismo de la IM.

Las ciudades son entidades vivas que pueden recibir diferentes lecturas. Sus habitantes van construyendo un entramado donde coexisten diferentes realizaciones destinadas a su vida cotidiana y al desconocido mundo después de la muerte.

Desde tiempos inmemoriales los seres humanos se han planteado cuestiones existenciales sobre la vida, la muerte y el más allá. Producto de ello es la aparición del arte funerario en las culturas más antiguas. En el siglo XIX los cementerios se transformaron en verdaderas obras de arte paisajístico y ornamental en Europa y América Latina, reflejo de una necesidad de hacer de la muerte algo bello y digno. Los monumentos funerarios nos permiten descubrir costumbres y valores de la sociedad que los produjo, a través de su disposición en los cementerios, su iconografía, su estructura y los materiales en que fueron realizados.

La muerte en el Montevideo colonial

Desde la fundación de Montevideo, las inhumaciones se realizaban en la Iglesia Matriz y en la de San Francisco. Cuando no fue suficiente el espacio dentro de las iglesias, se dispuso la construcción de un camposanto junto a ellas, donde se enterraba a la mayoría de la población. A partir de entonces sólo la clase alta y los personajes religiosos recibieron sepultura en las iglesias. Por su parte, los militares eran inhumados en la Capilla de la Ciudadela.

El constante crecimiento de la población hizo que surgiera en 1808 el primer cementerio extramuros, ubicado en la esquina de Durazno y Andes, al que se llenó Cementerio Viejo. El desarrollo de la ciudad motivó la ampliación de la Ciudad Nueva, en la que habría otro emplazamiento para el cementerio denominado Nuevo o Central, en 1835, junto a la línea del Ejido de Montevideo.

Planificado por los arquitectos Zucchi en 1938, y Bernardo Poncini en 1858, el Central se convirtió en un paseo-jardín en torno a un eje central rodeado de verdes arboledas e importantes monumentos funerarios. Los pobladores recordaban a sus muertos al tiempo que el lugar se transformaba en un paseo. Así quedó constituido el primer cuerpo del Cementerio Central.

Cementerio Central

En un comienzo sólo tenía fosas en el área central y un cruceiro gallego traído en el siglo XIX por Luis Fernández, antiguo vecino de Montevideo. Los cruceiros son cruces, en general de piedra, con uno o más representados, muy comunes en Galicia, España.

En 1835 se inauguró el primer cuerpo del cementerio; en 1860 y 1868 se habilitó la construcción del segundo y tercer cuerpo respectivamente. El cambio no sólo fue estético sino también administrativo, ya que pasó del control de la Iglesia al del gobierno municipal.

El portal

El acceso al Cementerio Central, ubicado en las calles Gonzalo Ramírez y Aquiles Lanza (ex Yaguarón), se realiza a través de un portal de estilo clásico con arcos romanos. La estructura está ornamentada con figuras de ángeles y un grupo escultórico realizado por Juan Manuel Ferrari.

La rotonda

El diseño paisajístico en el trazado y arbolado del cementerio se completó con la construcción de la rotonda en la segunda mitad del siglo XIX. Esta construcción, de estilo neoclásico italiano y también proyectada por el arquitecto Poncini, es el elemento focal del primer cuerpo. Constaba de una capilla en la parte superior y una cripta en la inferior, donde hoy se ubica el Panteón Nacional.

Esta construcción está coronada por una cúpula y dentro de ella se encuentra el grupo escultórico La Piedad, realizada por José Livi. Se destacan las exquisitas puertas de hierro, en cuya parte inferior se realizaron decoraciones alusivas a la iconografía funeraria. A través de ellas se pueden apreciar hermosos vitrales con imágenes religiosas.

El Panteón Nacional

En el Panteón Naiconal se encuentran los restos de destacadas personalidades de nuestra sociedad, como Juan Manuel Blanes, Francisco Acuña de Figueroa, Delmira Agustini, Pedro Figari, José Enrique Rodó, Florencio Sánchez, Juan José Zorrilla de San Martín o el cacique Vaimaca Perú, uno de los últimos charrúas llevado a Francia como exhibición, muerto allí en el año 1833 y cuyos restos fueron repatriados sus en el año 2002.

La sepulturas

Entre otras personalidades cuyos restos descansan en tumbas, panteones familiares o nichos en el Cementerio Central se destacan: José Pedro Varela, José Batlle y Ordoñez, Luis Alberto de Herrera, Eduardo Acevedo, Washington Beltrán, Baltasar Brum, Zelmar Michelini, Liber Seregni, Mario Benedetti, Eduardo Darnauchans, Julio Herrera y Reissig, Gerardo Matos Rodríguez, Marta Gularte, China Zorrila.

Los sectores más pudientes de la sociedad se han rodeado de objetos de lujo que satisfacen su gusto o vanidad. De igual forma lo hicieron en sus sepulcros los montevideanos acomodados, con elementos escultóricos encargados a artistas italianos o nacionales. Son monumentos funerarios del Cementerio Central: las losas con o sin elementos decorativos, las esculturas, las pequeñas capilla y templetes con relieves y esculturas incorporados.

Entre las representaciones adosadas a losas y grupos escultóricos se encuentran símbolos cristianos, como la cruz y lámparas de aceite; elementos antropomórficos constituidos por una gran variedad de figuras de ángeles y representaciones de los difuntos en forma de esculturas y bustos, así como símbolos masónicos. Son también característicos los relojes alados (símbolos del tiempo que pasa inexorablemente), los yelmos, flores, caduceos, anclas, trompetas, coronas y antorchas.

Los materiales empleados a través del tiempo

El material más utilizado en las tumbas entre 1835 y 1860 era mármol blanco, que muestra un claro predominio de los escultores italianos. Entre 1860 y 1880 hubo una tendencia a abandonar el concepto macabro o violento de la muerte, embelleciéndola a través del arte. Los materiales de este período son el mármol de Carrara y la pizarra belga.

Entre 1880 y 1920 coexisten los mármoles de Carrara con los granitos nacionales y el bronce en esculturas importadas de países europeos. A partir de 1920 disminuyeron las representaciones del difunto y las diversas alegorías referidas a sus virtudes, y se pasó a monumentos funerarios sobrios.

Los escultores

Muchas de las esculturas que engalanan el Cementerio Central fueron encargadas a talleres extranjeros por la clase alta montevideana. Otras fueron realizadas por artistas italianos y nacionales entre los que se destacan: José Luis Zorrilla de San Martín, Enrique Lussich, José Belloni, Juan Manuel Ferrari, Félix Morelli, Juan Azzarini, José Livi, Moreno y Lavarello y Eduardo Díaz Yepes, entre otros.

La temática en la ornamentación

Al comienzo, las lápidas contaron con inscripciones y epitafios rodeados de rosetones y guardas florales. Con José Livi, en 1860 comenzó la representación directa del homenajeado en los monumentos funerarios de militares de la época, a los que se les agregaban alegorías clásicas y símbolos patrios y militares.

Son numerosas las alegorías a través de las que se muestra la posición social en la ornamentación de las sepulturas. Las más empleadas fueron las que trataban de transmitir ideas abstractas sobre la muerte, el tiempo, el sueño eterno, por ejemplo: la del anciano con guadaña y la del reloj de arena. El ángel de la muerte es otra forma de representarla, y se caracteriza por llevar una antorcha boca abajo, con las piernas cruzadas.  La alegoría del sueño eterno, inspirada en Hipnos, es representada con un joven adormecido sosteniendo amapolas en sus manos. Las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad aparecen en forma de figuras femeninas que llevan la cruz, el ancla o están amamantando niños.

Otros elementos decorativos preferidos son los ángeles en su papel de mensajeros y conductores de las almas de los difuntos al más allá. Son también frecuentes las figuras femeninas en actitud de dolor y consternación. Durante el siglo XX cobraron fuerza las representaciones de la cruz y de Cristo, así como las lápidas sin ornamentos, por ejemplo la tumba de Luis Batlle Berres es un gran prisma de granito nacional.

El Cementerio Central es un testimonio del rico patrimonio cultural, reflejo de la filosofía que envolvió a los montevideanos de los siglos XIX y XX. Su forma de pensar y sentir, las convenciones sociales, el devenir de la historia y las expresiones artísticas se pueden apreciar en la actualidad en un recorrido por el cementerio más antiguo de nuestra ciudad.

En sus caminos enjardinados, el Central enseña orgullosos cipreses y numerosos monumentos. Un tesoro para disfrute de sus visitantes, donde se combinan las reminiscencias del pasado con el gozo estético.

 

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