¡Qué problemita y qué tristeza!

Por Eme Eme

El sirio Jihad Diyab, que está en huelga de hambre seca desde hace varios días, entró en coma superficial ayer en la tarde y está inconsciente, según informaron médicos de ASSE.

Tremenda tragedia. Tanto la individual, en este caso la de Diyab, pero que excede lo individual para denunciar un drama mundial, (aconsejamos leer una nota en esta misma edición de Rafael Mandressi “La orgía de los asesinos” relatada para la edición de Tiene la Palabra que se emite  En Perspectiva)

Por supuesto que lo que pasó y pasa en Siria y con los sirios en el mundo, no es punto de comparación con nada, pero este caso puntual es la tragedia de una vida que está destinada a sufrir. La horrible tortura soportada en Guantánamo, ahora Diyab se abrazó a una huelga de hambre que parecería que no tiene vuelta.

Desgraciadamente el tema se ha politizado. Desnuda las mezquindades que “adornan” a la especie humana. Son muy claras las declaraciones del abogado defensor en el sentido que personas del entorno de Diyab lo estarían utilizando para fines políticos que nada tienen que ver con los reclamos del refugiado.
Nos preguntamos ¿qué cosa puede estar por encima del valor de la vida ?
Si la intención es que Diyab pueda reunirse con los suyos y recuperar parte de la vida perdida en 14 años de reclusión injusta en un campo de concentración como es la cárcel de Guantánamo, entonces está huelga de hambre casi suicida es exactamente lo contrario de un buen camino.
Podemos entender que su protagonista esté desorientado y no haya sopesado bien las posibles consecuencias de lo que está haciendo pero no aceptamos que desde su entorno – si lo aprecian realmente y no lo estén usando para fines espurios- no apoyen el reclamo mayoritario de que Diyab cambie de actitud y así colaborar a que deponga esa medida extrema.
Las gestiones diplomáticas se están llevando a cabo. Pero es imprescindible que todas las partes colaboren.

Lo real es que a Diyab nadie le impide en el Uruguay salir del pais, no obstante algunas organización señalan al gobierno uruguayo absurdamente, como si impidiera su salida del país, cuando directamente los países árabes donde se quiere reunirse con su familia, no lo aceptan.

Y obviamente no se le puede tirar al mar. Nos cuesta entender a Diyab, no utilizamos su lógica, su cultura y no conocemos sus objetivos, es natural entonces que no podamos comprenderlo. Pero nos resulta extraño todo lo que pasó con él, desde que arribó a nuestro país, incluso su huida del mismo, su retorno, porque nadie lo acoge, en fin, es un tema muy triste, que como decía al principio denuncia mezquindades y que además de afectarnos, por ver sufrir a un ser humano, afecta la país y nos lleva de la mano a una situación tremenda que se vive en pleno siglo XXI, como lo que ocurre en Siria, también en otras regiones, que nos hacen dudar si realmente la humanidad evolucionó. En cuanto a Diyab tenemos la impresión que no tenga un final feliz. Y seguramente con tan larga huelga de hambre, más al no ingerir líquido determina que a pesar de poder mañana recuperarlo, seguramente le quedarían secuelas difíciles de sobrellevar.En relación al tema central, de fondo, reiteramos leer la reflexión de Rafael Mandressi en una de las noticias de VECINOS que también se edita hoy.

 

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