“Del teatro sí, creo que hay un empuje generacional fuerte con figuras bien notorias.” De esta forma se refería Santiago Sanguinetti al vínculo con su generación y los tiempos que corren en el teatro local.
Este joven talentoso de 31 años, actor, dramaturgo, profesor de Literatura, director teatral, fue designado Director de la EMAD (Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático Margarita Xirgu). Esta rica entrevista realizada por Santiago Brum la tomamos y agradecemos al Portal de la Intendencia por informarnos de la presencia de otro joven valioso para nuestra cultura.
Sanguinetti recibió diferentes becas internacionales que lo llevaron a estudiar en Aviñón (Festival International de Théâtre 2007), Barcelona (Sala Beckett 2011), Nottingham (World Event Young Artists 2012), Santiago de Chile (Teatro Amplio, residencia 2014), Buenos Aires (Panorama Sur 2015) y Montpellier (Centre Dramatique National 2015).
A su vez, obtuvo diversas distinciones entre las que se destacan el Premio Nacional de Literatura; Premio Onetti de la Intendencia de Montevideo; Premio Florencio de la Asociación de Críticos; Premio Molière de la Embajada de Francia; y del Fondo para la Formación y la Creación Artística 2012 – 2014 del Ministerio de Educación y Cultura. Sus textos se llevaron a escena en Uruguay, Argentina, Brasil, Colombia, Cuba, México, Estados Unidos, España, Inglaterra y Francia.
Aprovechando la oportunidad de su designación y que la Comedia Nacional puso en escena su obra El Gato de Schrödinger con entradas agotadas en el Teatro Solís le pedimos que se reservara un buen tiempo para conversar con nosotros. Hablamos de proyectos y desafíos, de los inicios y su trayectoria, pero también de la mecánica cuántica entre la EMAD y el Solís.
Santiago Brum: – Si bien sos muy joven, tenés una trayectoria y producción muy fructífera ¿Pensás que estás en un momento de clímax de tu carrera o que aún queda mucho por recorrer? Mirando para atrás: ¿Recordás alguna etapa de tu vida donde digas “me estaba explotando la cabeza”?
Santiago Sanguinetti: – Me viene explotando la cabeza desde los 12 años. Siempre fui muy de hacer muchas cosas al mismo tiempo. Por ejemplo, en el 2003 cursaba 6to. año de Liceo y al mismo tiempo hacía un curso de guitarra, entrenaba natación para competir en el área metropolitana, ensayaba murga, estudiaba italiano y francés y tenía novia… siempre fui así. Me gusta, me seduce eso.
De todas maneras, creo que las cosas se fueron dando de a poco. Puede parecer que hay una intensidad productiva permanente, pero -por ejemplo- con la obra El Gato de Schrödinger demoré dos años en escribirla. Mi último estreno -Sobre la teoría del eterno retorno- tiene ya casi dos años y también la estrenamos en el Solís. Como actor hace mucho que no estreno. Una de las últimas obras fue Nüremberg, en 2011, que sigo haciéndola hasta hoy pero tampoco estoy ensayando todo el tiempo. A veces hay una ilusión de que estoy produciendo todo el tiempo, pero en realidad es que muchas de estas obras se reestrenan o van a festivales. Me tomo mis tiempos y por supuesto que para futuro va a ser más así todavía. El tiempo que me llevó escribir El Gato de Schrödinger es un tiempo muy generoso como para proyectar un hecho teatral.
SB: – ¿En qué momento decidiste que querías volcarte a la actuación, a la dramaturgia y a la docencia?
SS: – Se fue dando. Al principio entré a la EMAD como actor porque me interesaba actuar. Había hecho algunos talleres, como Teatro en el Aula, en un centro juvenil en la Ciudad Vieja y siempre me había interesado eso. Cuando entré a la escuela, era claramente lo que quería hacer y me fui perfilando hacia ese lugar. Lo que pasa es que a mí siempre me había interesado escribir y me gustaba la tarea del escritor; me interesaban los libros, la escritura. Entonces comencé a estudiar Literatura en el IPA y de a poco empecé a pensar: “Bueno, si puedo mezclar las dos cosas, sería bueno”. Ahí comencé a escribir. Como encontrar directores era difícil, empecé a dirigir lo que yo escribía y eso -de alguna manera- le fue ganando terreno a la otra faceta del actor. También por algo muy puntual y coyuntural: en el 2009 arranco con dos proyectos que me tendrán involucrado muchos años, Gatomaquia y Las Julietas. Con el primero hicimos una sustitución del elenco original. Después con Las Julietas estuvimos más de cinco años haciendo funciones en Uruguay y en el exterior. Cada vez que alguien me llamaba para hacer un proyecto, yo le decía “No me puedo comprometer dos meses seguidos porque siempre sé que voy a tener algún fin de semana una función en algún otro lugar”. Ésto hizo que de a poco la gente me dejara de tener en cuenta como actor. Al mismo tiempo, yo seguía llevando adelante proyectos de dirección y dramaturgia, porque los podía hacer en solitario, coordinándolo también con estas otras dos obras. El único proyecto que se pudo mezclar fue Nüremberg porque era un monólogo, entonces la ensayaba cuando podía. Pero básicamente mi rol siempre fue el de actor.
SB: – ¿Cómo te gusta que te reconozcan?
SS: – Como trato de ser muy respetuoso de la formación específica, técnicamente soy Profesor de Literatura y actor, aunque ya no ejerzo como profesor y prácticamente no actúo. Siempre uso ese orden: actor, dramaturgo y director, sabiendo que trabajo de la docencia teatral, por ejemplo. Tiendo a presentarme por la formación específica.
SB: – En Uruguay se suele decir que la sociedad está envejecida coincidiendo que quienes se encuentran en ámbitos de decisión en un porcentaje alto ya se encuentran en etapas avanzadas de la vida. Sin embargo, hay ámbitos donde son jóvenes, o adultos jóvenes quienes toman las decisiones. Sin ir más lejos, en el teatro hay realizadores, productores, dramaturgos y actores jóvenes. Vos cómo concebís el Uruguay de esta época, ¿Se puede hablar de un fenómeno generacional o son excepciones en una sociedad más compleja?
SS: – En el caso del teatro sí, creo que hay un empuje generacional fuerte con figuras bien notorias como –por ejemplo- la de Gabriel Calderón. Cuando en el 2004 Calderón estrenó Mi muñequita, generó una especie de terremoto en el sistema teatral local. A su vez aparece el modelo de actor, director y dramaturgo joven. Gabriel escribió esa obra a los 18 años y la estrenó a los 21, con un equipo de actores que hoy son súper consagrados. Tanto Leandro Núñez en la Comedia Nacional; Cecilia Cósero, que ahora está haciendo funciones en un festival en México y que ha tenido una participación excelente en varias películas; Dahiana Méndez, que también está haciendo varios monólogos. Actores muy consagrados; Leandro Pintos, Mateo Chiarino, Cecilia Sánchez son actores que en aquél momento hacían sus primeras obras -de hecho, Cecilia Sánchez y Leandro Núñez estuvieron nominados al Florencio Revelación ese año- y hoy son de los actores más importantes del medio. Ahí hubo un empuje muy fuerte con esa obra y generó un modelo de producción que fue imitado por muchos jóvenes a posteriori, en el caso específico del teatro. A su vez se generó este modelo de escritores, estudiantes o egresados de la carrera de actuación puntualmente. También hay algunos de la carrera de diseño, pero fundamentalmente se dio en la carrera de actuación que los estudiantes empezaron a escribir y dirigir sus propios proyectos. Hoy en día hay cada vez más de estos casos, también fortalecidos por algunas becas generadas por el Instituto Nacional de Artes Escénicas (que se creó hace poquito tiempo) o ya a nivel más general, por el propio Ministerio de Cultura, la Embajada de Francia o la EMAD. Yo me formé en Barcelona por una de estas becas y estudié dos meses en Francia; hubo gente que se formó en Nueva York. Hubo todo un movimiento que contribuyó hacia eso.
SB: – ¿Se puede hablar de una identidad?
SS: – Hay más en el modelo: son personas jóvenes formadas en actuación, que escriben y dirigen, tratan de copar espacios y trabajar en conjunto; ese podría ser su rasgo identitario. Después, en términos de estética o de estilo, ahí ya sería un poquito más difícil porque es muy diversa la paleta estética -por decirlo de alguna manera- por más que puedan encontrarse algunos elementos comunes: la violencia, la desilusión o el humor negro.
SB: – ¿Un rasgo podría ser el rupturismo?
SS: – ¡Exacto! La desolemnización de algunos temas vinculados a lo político, por ejemplo. La desestructuración de géneros también podría tomarse como ciertos elementos puntuales, pero que tampoco son novedosos. Si uno busca, también los puede encontrar en autores de otras generaciones.
SB: – Anne Ubersfeld habla que en la construcción de las artes escénicas tanto en la estructura narrativa como en la definición de la puesta y demás, el director de escena establece qué queda adentro y qué queda fuera del espacio de representación. En tus obras: ¿quién queda adentro y quién afuera?
SS: – Lo que busco en mis obras es ampliar el espectro de impacto, para tratar de conmover o provocar a la mayor cantidad de personas posibles. En mis obras tiendo a establecer lineamientos estéticos amplios que identifiquen. Ahí no me aparto demasiado de Aristóteles como una gran cantidad de gente. Por ejemplo, en Argumento contra la existencia de vida inteligente en el Cono Sur se presentaban tres personajes que leían fragmentos de pensadores vinculados al pensamiento socialista de principios y mediados del siglo XX, como José Carlos Mariátegui o Carlos Quijano. Sin embargo, estos personajes leían esos fragmentos que apuntan a un determinado sector social vestidos con las máscaras de Wakko, Yakko y Dot (los personajes de los dibujitos Animaniacs). Esas figuras apuntan a otro perfil de espectador. Lo mismo en El Gato de Schrödinger; el hecho de que aparezca el tema del fútbol afecta, interesa, involucra o identifica a un determinado sector poblacional. A su vez, que en la misma obra se hable de anarquismo –de Bakunin, Malatesta y Kropotkin- afecta a otro sector, o que se hable del propio Schrödinger, de la teoría científica dura, de la física cuántica apunta también a otro sector. Ésto, a su vez, lo mezclamos con distintos niveles de habla: desde un nivel hiper poético y depurado, con un lenguaje súper sostenido, al insulto permanente y la deconstrucción absoluta del lenguaje. Lo que trato es ampliar permanentemente para tratar de que todos, de alguna manera, queden adentro.
SB: – No es fácil generar comicidad. La “inteligencia” y la comicidad por lo general no van de la mano.
SS: – Si. En ese sentido uno de mis grandes modelos son los Monty Python, que hacen un video donde se encuentran jugando un partido de fútbol filósofos alemanes y filósofos griegos, y hacen chistes con eso. Es genial. Ese tipo de humor me resulta bien interesante. Por otra parte, fortaleciendo esta idea, hay un autor que me interesa mucho, Barba (Eugenio), que dice que cada vez que hace uno de esos espectáculos piensa en cuatro tipos de espectadores, como sus espectadores ideales. Al principio su espectador ideal era Grotowski, como un maestro. Luego se fue difuminando en otros cuatro espectadores: primero un ciego, entonces cuidaba mucho los aspectos sonoros para que la obra tuviese sentido para un ciego; después un sordo, entonces cuidaba los aspectos visuales; después un niño, entonces tenía cuidado en la línea narrativa para que el niño pudiese sentirse involucrado; y después Borges, como la persona que leyó todos los libros, entonces la obra tenía que estar plagada de guiños que sólo un Borges podía entender. La idea era ver qué pasa si ampliamos y hacemos una obra para todos estos espectadores ideales tratando que, de alguna manera, todos queden adentro.
SB: – ¿Considerás que algunas de tus obras generó un antes y un después en tu carrera?
SS: – Probablemente Argumento contra la existencia de vida inteligente en el Cono Sur. Fue interesante por lo que se generó, no tanto por la obra en sí, sino como debate a propósito de la obra. Cuando se estrenó en enero del 2013 no había muchas noticias en la vuelta, entonces nos dimos cuenta que empezamos a hacer tema de debate político (…) Cuando hago una obra de teatro, trato de generar preguntas y no tirar líneas políticas, no tiene sentido. Para tirar líneas políticas agarro un megáfono y voy a la calle. No tengo porqué hacer del teatro un medio para otra cosa. El teatro es un arte en sí que debe generar preguntas y no respuestas evidentes, es decir, no pararse en el plano de comunicación estratégica. La lógica de “tengo el saber y lo transpongo” funciona en el aula, no en el teatro o el arte en sí. El teatro trata de generar una acción comunicativa horizontal entre el creador y el espectador. Propone una pregunta para motivar el debate y ser un espacio de ágora, de discusión de los asuntos públicos.
Esto muestra, en definitiva, que uno vea en la obra lo que es. Ahí empecé a sentar las bases de un tipo de teatro que me resultó interesante; un teatro que puede llegar a ser leído –o defendido- por dos posturas ideológicas contrarias. Por más que yo tenga clara mi postura ideológica, se genera debate. Por ejemplo, ¿qué hemos hecho hoy con Quijano? Hubo varios que me dijeron “Te estás burlando de Quijano, no corresponde”. No; quienes nos estamos burlando somos la sociedad entera ¿Qué ha pasado con el concepto de revolución? El fragmento que citábamos en la obra era del ’64, donde Quijano decía: “La segunda revolución latinoamericana es inminente ¿Se cumplirá ésta por la violencia? No lo sabemos”. Y la segunda revolución no fue inminente, entonces muchos me dijeron que me estaba burlando. No; no me estoy burlando. Me estoy burlando del mundo de mierda que tenemos. ¿Qué estamos haciendo nosotros con eso?
Algo parecido pasó con una obra en Chile, que se llama La imaginación del futuro donde toman a Salvador Allende como una figura casi ridícula, que se deja manipular por un Consejo de Ministros súper joven y compuesto de empresarios. Es una obra muy polémica; a mí me gustó mucho. Varios dijeron también: “Se están burlando de Allende”. No; la obra refleja qué hizo el Chile contemporáneo con la figura de Allende ¿Qué se hizo con su figura? Un país neoliberal que dice ser de izquierda. La obra refleja eso justamente ¿Una obra de teatro tiene que ser reflejo o tiene que ser respuesta? ¿Tiene que ser propaganda o reflejo de lo que es? Muchas personas tomaron esa obra como argumento o propaganda de algo específico y no, es el reflejo de un mundo estúpido.
SB: – En tu última obra, El Gato de Shrödinger, ponés en juego una serie de personajes en base a la construcción sobre un vestuario de fútbol. Con relación a la física cuántica, hablás de los electrones y su posibilidad de construir realidades multiversas y de la duplicación ¿Cómo vincularías esta obra con el Santiago nuevo director de la EMAD? ¿Es el mismo Sanguinetti duplicado dos veces, es una duplicación “cuántica” de la misma realidad?
SS: – (sonrisa) Funciona como una especie de consuelo; sé que por lo menos, en un universo paralelo, lo estoy haciendo bien (risas). Eso me da la tranquilidad de hacer cualquier cosa porque en otro universo todo está funcionando bien. La obra es muy linda por eso, porque es como decir: “Bueno, no hacemos nada porque total hay algo que está sucediendo mejor en otra parte”. Puede ser que exista algo así como una especie de duplicación, es una imagen que me gusta mucho la de “ser el otro”. Álvaro Figueredo dice: “Ser el otro en otrísimas luces”. Hay algo como de jugar a ser otro según el rol específico. Cuando actúo soy uno; cuando doy clases soy otro y dirigiendo la comedia fui otro. Es como la gran concreción teatral el “ser el otro”; la obra es una gran metáfora de la actuación y en ese sentido también me gusta eso de ser claramente el otro según los roles. Y estudié actuación, así que mal no puede ir.
SB: – Como docente y ahora director de la EMAD, ¿qué proyectos tenés en el corto plazo?
SS: – El primero, en el que ya estamos trabajando, es la puesta en marcha de la Tecnicatura en Dramaturgia. Era un proyecto que ya venía en marcha y tenía un plan de estudios aprobado por la Facultad de Humanidades de la UdelaR desde hacía casi un año. Lo primero que hicimos fue nombrar a Gabriel Calderón como Coordinador de la tecnicatura y él ya está trabajando fuertemente para ponerla en marcha. Eso va a estar financiado con fondos del INAE y AGADU, y se va a hacer en concordancia entre la Facultad de Humanidades y la EMAD. Si ésto sale para mí es un golazo, ya me sentiría tranquilo por un año. Después tenemos otros proyectos más pequeños, como organizar la grilla horaria de la escuela que está tremendamente extendida, y clarificar y replanificar el plan de estudios que no está fácilmente comprensible.
También tenemos un proyecto mucho más a largo plazo, que es la proyección de ingreso a la futura Facultad de Artes, compuesta por un Instituto de Bellas Artes, un Instituto de Música, la EMAD como instituto universitario y un Instituto de Danza. Para esto la EMAD tiene que fortalecer primero su identidad universitaria, que todavía está en marcha. Por ejemplo en acciones pequeñas, como organizar la Bedelía y crear una Bedelía digital –cosa que no tenemos-, entonces ahí ya hay un espacio previo mínimo necesario para ese fortalecimiento identitario. Ya fijamos algunas reuniones con el director de Bellas Artes, Fernando Miranda, para llevar adelante algunas coordinaciones entre la EMAD y la IENBA (Instituto Escuela Nacional de Bellas Artes), de cara a fortalecer algunas áreas poco desarrolladas del arte escénico local, como performances o instalaciones, estando estas últimas más vinculadas a las Bellas Artes en sí. Queremos fortalecer, al mismo tiempo, otras áreas como la crítica Hay algunas ideas puntuales de conexión entre la EMAD y otras escuelas, dándole también mayor voz a los estudiantes para fortalecer la misma idea de crítica y que ellos tengan voz -en su opinión- acerca de lo que está pasando. Estamos pensando en la creación de alguna revista de crítica
Serían esencialmente esos lineamientos: dramaturgia ya con la tecnicatura en marzo de 2017; performance e instalación en coordinación con Bellas Artes para ver de qué manera –si a través de una diplomatura específica o mediante conferencias, talleres- podemos hacer algo en conjunto; fortalecimiento del pensamiento crítico en contacto con Bellas Artes y Facultad de Humanidades, y vinculando a la EMAD con otras escuelas con un fuerte protagonismo de los estudiantes. Un lineamiento que va a ser una paralelo a los otros y me gustaría comenzar a trabajar es la carrera de docencia teatral. La mayoría de los egresados de la EMAD están trabajando en escuelas o liceos como docentes y ninguno de ellos tienen formación. Hace ya más de 10 años que se puso en marcha el bachillerato de artes y todavía no hay una formación específica. Eso, además, genera una incertidumbre laboral muy fuerte porque no hay concursos de efectividad al no haber titulados. Entonces primero busquemos mecanismos para generar titulados y si desde la EMAD podemos dar un apoyo en eso, será fantástico.
SB: – ¿Cómo se viene trabajando con la Intendencia de Montevideo en este camino hacia el status universitario?
SS: – Muy bien, estamos teniendo reuniones permanentes. La figura de Mariana Percovich opera como una bisagra clave como ex directora de la EMAD y tiene un fuerte contacto con Miranda; fue ella quién empezó a establecer el contacto con Bellas Artes. Nosotros contamos con el apoyo y la asesoría permanente de la Intendencia para que el pasaje a universidad se produzca de la manera más cálida y armoniosa, sin pérdida de identidad institucional, sin pérdida presupuestal y que sea beneficiosa para la propia escuela y el medio teatral. La EMAD existe para el medio teatral y para la ciudadanía uruguaya.
SB: – Cuando sucedió tu designación, muchas personas del ámbito teatral se alegraron por diversos motivos y también se preguntaron qué va a pasar con el Santiago Sanguinetti dramaturgo, con su producción ¿Cómo tomás esa pregunta y qué podés responder a eso?
SS: – Me ha pasado que hay gente que no sabe si felicitarme o darme el pésame (risas). La verdad es que no tengo urgencia. A los 31 años ya escribí bastante, actué bastante y dirigí bastante. Ésto es solamente tres años. Como decía, El Gato de Shrödinger me llevó dos años escribirla, estamos hablando de un año menos que ser director de la EMAD. Ahora estoy escribiendo y de hecho estoy empezando a pensar en algún proyecto nuevo. Me lleva más tiempo porque cada vez estudio más para escribir una obra. Dentro de dos meses voy a reestrenar una obra, un proyecto de actuación… le buscaré los tiempos. Me parece necesario además como un gesto didáctico el formar parte de proyectos. Le voy a encontrar la vuelta y si no se la encontrara, tampoco me afecta. Son solamente tres años.
