Homo sapiens y faber

En la sociedad, los productos son percibidos sólo como “cosas”, pero no se percibe que su existencia surge de las relaciones sociales que se tejieron para producirlos. Las sociedades son un conjunto de relaciones sociales.

Y las relaciones sociales básicas son aquellas que se organizan para producir lo que la sociedad precisa para su supervivencia y reproducción. O sea, sin sistema productivo la sociedad es inconcebible. Y el corazón del sistema productivo es el trabajo. Esto es, las relaciones sociales de trabajo.

Si bien se puede medir lo producido por el trabajo, su comprensión real no está tanto por la magnitud de lo producido o de lo invertido, sino por las características que asumen las relaciones para que se logre..

El sistema productivo tiene un proceso de conocimiento permanente,  el que hace, sabe cómo hace. Ese es un conocimiento que se adquiere haciéndolo, en el proceso productivo va adquiriendo el conocimiento de hacer lo que produce. Y lo va perfeccionando, y lo va desarrollando .

Por lo tanto jamás ha habido proceso productivo sin conocimiento de lo que se produce de tal forma que las sociedades que tienen como común denominador producir sus formas de reproducción de vida, producir lo que consumen y distribuyen, siempre han sido sociedades de conocimiento. No podemos separar al homo sapiens y el homo faber, el homo sapiens es el que aprende, sabe, discierne, razona, proyecta y tiene sentido de su propia finitud. El homo faber es el mismo homo sapiens haciendo, y es homo sapiens y homo faber a la vez, es como la cara y sello de una moneda.

Tecnología y sociedad :Las tecnologías no “caen” nunca en un vacío social, sino que por el contrario interactúan siempre con un sistema de prácticas sociales ya consolidado y activo antes  e independientemente de las tecnologías. Como veremos, son precisamente tales prácticas preexistentes las que contribuyen en modo muy específico a definir tanto el uso (o no uso) como el significado de mediación que cada una de las tecnologías asumirá dentro de un sistema  específico de actividad laboral. Este último aspecto da cuenta de cómo cada tecnología de hecho es “reinventada” y “reproyectada” en forma diversa dentro de las diversas comunidades de práctica.

Las actividades laborales son ejecutables sólo a través de la coordinación del trabajo de más personas y  y a través del uso de una competencia experta que normalmente está “distribuida” entre los miembros de la comunidad laboral y las tecnologías que utilizan.

El análisis del “impacto” de las tecnologías es inseparable del análisis de la actividad productiva para las cuales y en las cuales son usadas. La funcionalidad de la tecnología no reside tanto en su específica estructura técnica y material cuanto más bien en el curso de acción que producen y sustentan en un contexto productivo y organizativo. Los instrumentos  tecnológicos no son nunca instrumentos social y cognitivamente neutros: cumplen acciones sociales y prescriben comportamientos específicos. Estos últimos dos puntos evidencian cómo existe un proceso de influencia recíproca entre tecnología y organización: insertar un nuevo instrumento tecnológico implkica siempre la redefinición de todo del sistema de actividad productiva.

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